Entrevista a Claire North

Lleva escribiendo desde los 14 años, pero hace solo dos que se tradujo por primera vez a español. El boca a boca fue implacable y los lectores agotamos la primera edición en cuestión de meses.

Vino al festival Celsius en 2016 y, sin ser cabeza de cartel y solo con un libro publicado en español, llenó e hizo rebosar la carpa en sus dos intervenciones.

Después del éxito que tuvo con Las primeras quince vidas de Harry August, acaba de publicarse su segundo libro en español: El final del día. Una escritora así no podía haberse quedado fuera de la iniciativa Adopta una autora, y por eso hoy, Isa-Janis y La Nave Invisible se unen para poder charlar un poco con Claire North.

Portada de Las primeras quince vidas de Harry August.

Catherine Webb, Kate Griffin, Claire North… ¿Por qué usar tantos pseudónimos?

La respuesta corta: es una manera sencilla de tener varias marcas. Comencé a escribir siendo adolescente y, como es natural, escribía libros de juvenil adulta, siendo lo que yo era. Entonces comencé a escribir fantasía urbana y mi editor quiso encontrar la manera de hacer saber a los lectores que sí, seguía siendo yo, pero no, ya no tenía 14 años, y que con toda probabilidad encontrarían un estilo distinto y más tacos. Una de las formas más fáciles de hacerlo era con un pseudónimo sencillo, uno con el que supieras que era yo, pero también que es diferente. Así pues, Catherine Webb porque era Kate Griffin.

Entonces empecé a escribir libros tipo Harry August, y de nuevo mi editor quiso encontrar una forma de decir que había habido un cambio en la voz. Era tal el cambio en la voz que propusieron un pseudónimo cerrado, Claire North como identidad secreta; pero el plan duró unos cinco minutos, y todo el mundo supo que era yo con mucha rapidez.

Esa es la respuesta corta.

La respuesta larga también incluye el hecho de que, si buscas en una estantería de una librería, a menudo encontrarás la “W” de “Webb” abajo del todo, fuera de la vista y cerca del porno de vampiros.

Al contrario, la “G” de “Griffin” suele estar a una cómoda altura para el ojo. Ambos influyeron en el plan, y me pidieron que buscara un nombre en ese rango de letras.

Claire North sucedió… ugh, de forma muy rara, y entra en escena la pijotería del género, de muchas formas. Como escritora de cifi/fantasía, me encanta mi género. Pero soy consciente de que mucha gente ahí fuera, con una lógica defectuosa, piensa que todo va de disparar contra aliens y de espadas mágicas, como si eso en sí mismo no fuera divertido, como si el entretenimiento no tuviera valor. Menuda bobada. Mientras tanto, libros como 1984, Un mundo feliz o Frankenstein, que son claramente ciencia ficción, son aclamados como “literatura”.

Hablando en plata: a mi editor le preocupaba que los lectores habituales no cogieran mis libros de Claire North si sabían que habían sido escritos por alguien que también había escrito cuentos de magos y aventuras. Querían marcar mis libros no como ciencia ficción, sino como literatura real. Y eso está bien, ¡está genial! Me gusta comer y me gusta llevar el género a una audiencia lo más grande posible, y la reacción ha sido estupenda. Si podemos colar la cifi en la “literatura” (sea lo que sea “literario”), y el crimen hasta el romance y del romance al thriller y así, y romper las barreras del género o peor, el miedo, el miedo real que nos infunde el ser pillados leyendo un libro que nos encanta pero que pensamos que la sociedad nos juzgará por ello, el mundo será un lugar infinitamente mejor. Porque todos amamos los libros y todos amamos las historias, y lo demás deberíamos superarlo, no enredarnos con juicios sobre lo que deberíamos leer y lo que es importante que leamos, y simplemente disfrutar la lectura. Alucino constantemente por las maneras que tiene la humanidad de juzgar a otros y a sí misma. Los libros no deberían formar parte de ello.

Por supuesto, algo así es como el debate de las cubiertas por género. Al pretender que Claire North no es cifi, claro, llevamos la cifi a más gente, pero no necesariamente eliminamos las barreras culturales que juzgan un género como superior a otro, dado que no nos dirigimos al problema. De la misma forma en la que hay todavía una sensación de que hay libros de hombres para hombres y de mujeres para mujeres; y la manera en la que los envuelven y los venden lo refleja, en lugar de libros de gente para gente. Hasta que no abordemos todo esto, vamos a tener divisiones no solo en cómo se presenta lo escrito, sino también sobre cómo siente la gente que la sociedad les permite leer. Y es una mierda.

Los fans de género seguimos de cerca a Claire North, pero ¿los otros pseudónimos tienen actividad actualmente?

Por el momento no, pero podría hacerlo. Hay una serie de televisión en proceso de un trabajo de Kate Griffin que quizás esté más cerca del éxito de lo que cualquier serie de televisión tiene derecho a estar… Si sale adelante, entonces seguro que tendré una charla amable con mi editor sobre si puedo hacer volar algo en Londres de nuevo. Ya sabéis… de manera bonita y ficticia…

Portada de El final del día.

Este abril se publicó en inglés y en español tu nueva novela. ¿Qué podemos encontrar en El final del día?

El final del día es la historia de Charlie, el Ángel de la Muerte. Charlie es solo un tío normal de Birmingham al que le gusta la música, los equipos de fútbol desconocidos y le cuesta conseguir una cita. Su trabajo, no obstante, es viajar por todo el mundo como la vanguardia del jinete del apocalipsis, visitando a la gente que la Muerte desea honrar o advertir, trayendo regalos y, en general, pavimentando el camino para la llegada de su jefe, tan cortés y placenteramente como puede. Como consecuencia, Charlie pasa mucho tiempo en aeropuertos intentando reclamar los gastos de los viajes en la oficina de la Muerte en Milton Keynes.

Los protagonistas de tus tres anteriores libros, Hope, Harry y Kepler, tienen varias cosas en común: una extraña relación con su cuerpo y la memoria social sobre su identidad, entre otras. ¿Qué nace primero, la historia o el protagonista?

Suelen llegar al mismo tiempo.

Por ejemplo… Kepler, en Touch. La premisa es de una criatura que se puede mover entre cuerpos con un toque, pero que no tiene acceso a la memoria de los cuerpos que habita. Desde este punto inicial, ciertas cosas son inmediatamente obvias. Sin un cuerpo al que llamar suyo, Kepler no puede tener pertenencias, amistad o familia, sin robarlas. Ergo, probablemente Kepler estará extremadamente solo, y no tenga un propósito en la vida. Ya que está tan masivamente solo, probablemente Kepler se va a obsesionar con cualquier contacto humano que haga, y creará un mundo casi de fantasía en el que tiene valor, en el que tiene significado, para compensar por lo que es, fundamentalmente, una existencia vacía y lúgubre.

O Hope Arden. Es una mujer que no puede ser recordada, y si no puede ser recordada entonces no tienen por qué importarle una mierda las consecuencias de sus acciones. No puede herir a la gente que ama, no en un sentido emocional; no puede destruir relaciones que tienen valor, porque no puede tener estas relaciones. ¿Cómo, entonces, ofreces una historia que pueda provocar y desafiar al personaje? Ofrecerle algo que quiere y necesita desesperadamente: no solo la habilidad de ser recordada, pero también una herramienta que le dirá qué hacer para ser grande, para ser perfecta, para ser alguien de valor. Ofrécele estas cosas, después quítaselas, o corrómpelas, y tienes una historia que fluye tanto del personaje como de la premisa.

Así que… sí. Esta clase de cosas chapotean todas juntas. Se alimentan entre sí.

Portada de Touch.

¿Cuál es tu proceso creativo? ¿Escribes un esquema sobre la trama de tu historia, diseñas primero los personajes…?

Se comen muchas galletas.

Y, también, ya sabes, profunda contemplación literaria y esas cosas.

Como he mencionado arriba, tiendo a mezclarlo todo. Sí hago un plan, o algo así, pero me hace muy feliz que no sobreviva el primer contacto con la página. Los personajes tienden a dirigir la forma de la historia, pero obviamente la premisa inicial ha dado forma a los personajes. Las cosas… más o menos tienen una forma y figura que parece lógica e inevitable, al menos en mi cabeza, así que las dejo hacer. Sé que no es una estructura muy útil y estructurada, pero es la verdad. No soy muy fan de forzar que ocurra nada.

Normalmente hago varios borradores con las primeras 10.000 palabras, ya que siempre son un poco molestia. (Es el trozo del libro donde tienes que introducir a los personajes, y pintar un dibujo de tu mundo, y empezar con la historia de una vez, y es, definitivamente, la parte más peliaguda por todos esos motivos). Después de tener las palabras que fluyen de manera más o menos lógica y el borrador que parece llevarlo todo mejor, simplemente sigo adelante y no miro atrás hasta que está acabado.

Sospecho que hay mejores estrategias ahí fuera. Pero, eh, esta me funciona.

También a los tres les gusta viajar y recorren Europa (y alguno gran parte más del mundo). ¿Esta pasión por viajar es único de tus personajes o hay algo de Cat Webb? ¿Cómo te documentas para escribir sobre partes tan diferentes del mundo?

Me encanta viajar. Nunca viajo suficiente. Pero casi todos los lugares a donde voy acabarán en un libro, aunque solo sea porque tengo un sentido para los detalles que lo hacen vivir. El resto del tiempo me limito a guías de viaje, Internet e historias de mis amigos.

Son las cosas pequeñas las que dan vida a un lugar. En Polonia, siempre pienso en las Tiendas del Papa (fotos de un Papa sonriente, hábitos blancos, etc.) justo al lado de las sex shops en hermosas ciudades rodeadas por cemento, o en la forma en la que la televisión pondrá películas americanas que no están dobladas o subtituladas, pero que tienen una única, monótona voz leyéndolo todo en polaco.

“Oh, no, el barco se hunde. Se hunde, todos vamos a morir. ¿Qué has dicho? Todos vamos a morir. Te quiero. Yo también te quiero.”

O, más insolente, España… como extranjera, hay cantidades increíbles de cerdo y queso, pero también una incapacidad total de encontrar vino blanco en los supermercados, y la manera en la que los conductores parecen muy gustosos de tocar la bocina, y la indescriptible burbuja de voces que recibes mientras el reloj da la media noche en la calle, y cómo la gente no parece capaz de saber qué hacer cuando llueve, o lo rápido que una ciudad puede cambiar de aspecto en solo dos calles, y la ligeramente extraña tendencia del arte renacentista que se inclina a imágenes de la Virgen María proyectando leche materna sagrada en el lienzo…

Sí, también hay eventos geopolíticos muy interesantes, y arquitectura y cultura, pero no necesariamente crean un sentido de personalidad tanto como lo hacen las pequeñas cosas. Vivimos la vida rodeados de pequeños detalles: la comida que comemos, la pasta de dientes que usamos por la mañana, la frustración de coger el bus 43, y a menudo son más inmediatas que las cosas grandes, o que las grandes ideas. Crean un lugar, pero también pueden crear la sensación de ser un extraño en el lugar. Ser un extraño mirando dentro, a una distancia de la cultura sobre la que escribes y encontrando en ella algo nuevo es uno de los regalos de viajar y de escribir sobre viajes. Los libros siempre deberían tener algo que mire al mundo con ojos nuevos. Las aventuras en lugares lejanos traen regalos en la realidad.

Claire North en el festival Celsius 232, 2016. Fuente.

Todas las habilidades especiales de los personajes de tus libros parecen más maldiciones que dones. Sin embargo, Hope es un personaje más depresivo y afectado por esto que Kepler o Harry August. ¿Qué diferencias notaste al escribir sobre ella?

Hope es más joven que Kepler y Harry, así que no ha tenido tanto tiempo para, digamos, resignarse a la situación, aunque ha desarrollado muchas compulsiones obsesivas (un poco como Kepler) que le permiten soportarlo. Pero a lo interesante: no puede tener relaciones humanas. Incluso Kepler puede tener relaciones, vacías y sin fundamento, quizás, pero Kepler puede esperar entrar en un cuerpo que es amado, y por un momento experimentar qué es sentirse amado, aunque sea bajo una bandera falsa. Y Harry puede, y frecuentemente lo hace, construir relaciones humanas significativas, incluso si están manchadas por el conocimiento de que todo se pondrá a cero cuando muera, y pueda empezar de nuevo. En muchas maneras, es el más atrapado y el más liberado de estos narradores.

Pero Hope no tiene nada de eso. Cada una de las relaciones que tiene debe ser, necesariamente, vacía, porque nunca la recuerda el tiempo suficiente como para que tenga significado. Ni siquiera puede experimentar el fantasma del amor. Tiene que imaginar, y vive enteramente dentro de su cabeza, que llena desesperadamente con otras cosas que solo pueden venir de la perpetua experiencia humana de interactuar y rebotar con otros humanos.

Se dice a menudo que no hay nada más solitario que estar solo en una multitud. Esa es la definición de la vida de Hope. Y es la única definición. Nada más que podamos usar para valorar o definirnos a nosotros mismos se aplica a ella, como podría a otros personajes. Es una forma de vivir desesperadamente triste, pero como mucha gente que está sola, que experimenta este sentimiento sin tener la maldición de Hope, busca una manera de aguantar, ser ella misma, y encontrar un lugar en su interior donde sea feliz.

En Touch hablas de refilón de temas como la identidad sexual. ¿Era tu intención o se generó por el tipo de personaje?

Era inevitable por la premisa y, por tanto, de forma extraña, algo en lo que no pensé. Simplemente era cierto que Kepler había habitado hombres y mujeres, y tras varios cientos de años de hacerlo parecía poco probable que toda la normatividad cultural y, básicamente, las ideas de mierda de lo “masculino” como poseedor de cualidades de “fuerza, fortaleza, inteligencia, resistencia” etc. contra las ideas culturales de que lo “femenino” tiene que ser “empático, tierno, gentil, maternal”, etc., no significaran nada para él.

Claro, algunas veces Kepler quiere sentirse tierno y frágil, y sí, entonces puede conformarse con el estereotipo cultural y saltar al cuerpo de una mujer, ya que la sociedad permite a las mujeres expresar las cosas de manera diferente a los hombres. (La sociedad puede ser muy estúpida, por cierto). Y a veces Kepler quizás quiera el aumento de confianza de sentirse profundamente masculino y ser admirado por estas cualidades, pero la mayor parte del tiempo Kepler solo quiere sentir amor y tener compañía, y encuentra más hermosos los cuerpos que se conocen, que caminan con un sentido de identidad propia, en lugar de conformarse con las normas culturales sobre sexualidad y género.

Esos cuerpos pueden ser masculinos o femeninos, pero el sentido de identidad es el mismo. Es una verdad muy, muy simple sobre la humanidad, que es infinitamente más compleja y desafiante para vivir que para expresar.

Portada de The Sudden Appearance of Hope.

La crítica social que tocas en The sudden appearance of Hope es muy interesante, con la aplicación de Perfection, una aplicación que mejora la imagen social de la gente para convertirla en “perfecta”. ¿Crees que actualmente hay una aplicación que tenga efectos similares en la gente? ¿En qué te inspiraste?

OH DIOS MÍO TODO LO QUE HACEMOS ESTÁ MOVIDO POR PERFECTION.

No puede resaltarse demasiado.

Y sí, hay aplicaciones, pero es mucho más insidioso que eso.

En el lado tecnológico, las noticias recientes han sacado a la luz que Tinder tiene un servicio secreto al que puedes acceder si eres a) percibido como increíblemente sexy o b) si tienes dinero para gastar. Es, literalmente, una herramienta de ligue que permite a los ricos y guapos conocerse solo entre ellos y eso siguiendo la moda actual.

Facebook está lleno de fotos de las vacaciones perfectas, la comida perfecta… Dios mío, ¿en qué momento nos obsesionamos tanto con fotografiar nuestra comida? Y ya no es solo compartir tus noticias con el mundo, es demostrar a tantos amigos como te es posible (amigos cuyo valor reside en la cantidad, no en la calidad) que tu vida es genial. Envidiablemente genial.

Cada programa de televisión, cada cartel en cada esquina, nos vende un estilo de vida perfecto. Los hombres deben ser fuertes, atractivos, llevar un reloj caro, conducir un coche caro, tener una sonrisa cara e ir con una mujer hermosa colgada del brazo, con el que la acogen masculinamente. Algunas veces se les permite ser Tiernos y Sensibles, pero preferiblemente solo si tratan con Problemas de Chica. El resto del tiempo se les bombardea con el tipo de físico que deben tener (los abdominales) y el arquetipo cultural (rico y leal) que no deja sitio para el lamento, la pena, el dolor, el michelín o una expresión emocional honesta.

¡Y las mujeres! A las mujeres no solo se las bombardea con programas de estilo de vida y tipos de cuerpo que insisten que las tetas grandes y las miradas dóciles son el camino… La misma naturaleza del lenguaje nos lleva a convertirnos en arquetipos sociales que son tan represivos como esquivos. Ricas, claro, porque el dinero es lo que cuenta. Delgadas hasta el punto de la enfermedad, pero con los pechos y los culos imposibles de una Barbie, pero también “tiernas” y “maternales”, nunca “asertivas” o “luchadoras” porque esas palabras, que son simplemente un contrapunto de la “confianza” y el “valor” más masculinos, se usan para desmerecer. Las mujeres perfectas no son asertivas. Son conciliadoras. Y por supuesto, somos maternales. Porque eso es lo que son las mujeres. Tan jodidamente maternales que es un milagro que no se nos caigan los bebés de las fosas nasales; y no ser maternal es no ser una mujer.

Perfection existe. En cada complejo de gorda, complejo de cuerpo, complejo de enfermedad mental, complejo de adicción, complejo de pobreza, complejo de ser mujer, complejo de ser hombre, en cada segundo que respiramos; en el mismo lenguaje que hablamos, hay una lucha constante para alcanzar algo imposible, esquivo y, por encima de todo, caro. Muy, muy caro. Porque la perfección es algo que se puede vender. Se nos puede vender el estilo de vida perfecto, y si no lo queremos comprar es que hay algo mal con nosotros, no con el mundo que demanda que gastemos dinero en cirugía plástica y coches. Hemos fallado. Somos menos. El dinero lo es todo, el dinero sabe que no, que la capacidad humana de sentirse socialmente rechazado y de estar aterrado ante el rechazo no tiene fin.

En otras palabras: REBELAOS. AHORA.

Claire North.

Volviendo a tu nueva novela, ¿el protagonista de The end of the day tiene alguna relación con estos tres previos? ¿En qué se diferencian?

Aún estoy exhalando por la última pregunta… dame un momento…

Pues… Charlie es entera y completamente 100% ordinario. Bellamente ordinario. A veces es difícil recordar, especialmente en cifi/fantasía, que lo ordinario también es bueno y tiene valor. A veces nos vemos arrastrados al cliché de que los héroes son “especiales”, especialmente poderosos con una espada, o un destino, o algo. Y he escrito muchos personajes que tienen “algo” especial, incluso si esa cosa especial les ha jodido por completo.

Pero Charlie no lo es. Es ordinario y es bueno. En esas dos cualidades ya es una diferencia con mis anteriores personajes. Cree en hacer su trabajo lo mejor que puede, en pagar impuestos y en no montar jaleo. Por nada del mundo quiere dañar o molestar a la gente que le rodea, quiere relaciones significativas y le dan miedo el fracaso y el rechazo, como a todo el mundo.

Por eso le contratan. La Muerte no necesita un Ángel con poderes mágicos, la Muerte necesita a alguien que pueda estar entre vivos y muertos, y ver y respetar todo lo que ve con bondad y sin repulsión.

Existe esta expresión en inglés (ni idea de si se traducirá bien) “la gente es solo gente”. “Solo gente” es aquello que hacen las personas. Es una idea servida con elegancia, que reduce a la gente a eso. La gente y las cosas que la gente hace: los estúpidos, los asustados, los malvados y los raros. Y también es una expresión que cubre toda la extensión de la experiencia humana. Es solo gente. Las cosas que son las personas, lo maravilloso que son las personas, la majestuosidad de la gente ordinaria viviendo vidas que, por el mismo acto de ser vividas, son extraordinarias.

Como he dicho… a veces es difícil recordar que cada historia no tiene que ser sobre un príncipe mágico con una espada. A veces la gente es solo gente, y eso también es magnífico.

Las quince primeras vidas de Harry August ha tenido mucho éxito en España. Se agotó la primera edición y te dieron los premios Ignotus y Kelvin 505. En el festival Celsius pudimos ver las colas que se formaron para tus firmas. ¿Cómo recuerdas la experiencia? ¿Volverás a Avilés?

Avilés fue la caña. Quiero decir, no me malinterpretes: que te inviten a cualquier lugar es genial, pero ir a un sitio como Avilés, a un festival lleno de vida y disfrute puramente geek, poder quedarme en el centro de la ciudad y ver Matrix en español (“¡Lo sé kung fu!”, no hablo español, ¿se nota?), conocer tantos escritores increíbles y tanta gente maravillosa, que te reciban tan cariñosamente y que te sirvan un festín de cerdo guisado en una olla más grande que mi baño… Sí, fue genial. No tengo nada más que recuerdos brillantes y felices sobre la experiencia. Aunque, ¿de qué iba el sonido simulado de sexo entre gaviotas en el centro cultural? Un poco peculiar…

Ni idea de si volveré. Desde luego, diré que sí si me lo vuelven a pedir.

En La Nave queremos dar visibilidad a escritoras. Así que, para terminar, queríamos que nos recomendases a alguna escritora que te haya influido o que te guste muchísimo. ¿Qué escritora o qué novela nos puedes recomendar? ¿Quién ha sido una influencia para Cat Webb?

Creo que, con toda probabilidad, fue Ursula K. Le Guin. Cuando era niña, comencé leyendo las estanterías de fantasía de mi biblioteca local de la A a la Z, y en su mayoría eran escritores varones, como ocurre a menudo hoy en día. Pero Un mago de Terramar fue uno de esos libros que mandó el resto a tomar vientos, al igual que hizo el resto del Cuarteto de Terramar. No sabía la influencia que tendrían en mí entonces, pero al mirar atrás ahora puedo ver que cambiaron toda mi concepción de lo que era la fantasía, de lo que podía ser. Ursula K. Le Guin abrió un camino en el género que generaciones han intentado seguir, y del que todavía se maravillan ahora.

 

Estamos profundamente agradecidas a Cat Webb, Claire North, que nos haya dedicado parte de su tiempo. También tengo que agradecer a Isa-Janis que nos ayudase con la elaboración de la entrevista, así como de adoptarla y darle difusión. Y a la grumete Laura Morán, por echarme una mano con la traducción.

Laura Huelin
Laura Huelin (Reseñas/Investigación): Licenciada en Filología harta del canon literario y los géneros sociales. Me aburren los mundos realistas y me apasiona la ciencia ficción y el apocalipsis. Me encanta investigar, aprender y conocer. Podcaster en Los cuatro navegantes.
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