Teresa P. Mira y sus Diez variaciones sobre el amor aterrizan en España

No es la primera vez que Teresa P. Mira pasa por nuestro blog. Nuestra capitana ya habló de ella cuando reseñó El tren, una novela corta “de exploración espacial con tintes steampunk y con una fuerte carga filosófica.” Pero ahora regresa porque la Editorial Cerbero va a estrenar en su catálogo una colección de relatos que ya fue publicada en Argentina en 2015: Diez variaciones sobre el amor. Mira, autora ducha en el formato corto (sus múltiples publicaciones en diversas revistas y antologías así lo demuestran), nos regala en esta obra “diez formas de ver el amor en su sentido más amplio, más esencial, más universal y comprensivo; diez maneras de atisbar el universo desde una mirada humana que supera su centralidad y se vuelca al otro; diez intentos de amar más allá de cualquier tipo de fronteras…”.

Ilustración de cubierta, por Cecilia G. F.

Pero si alguien puede contarnos fielmente qué vamos a hallar entre las páginas de esta obra cuya portada ha ilustrado Cecilia G. F., esa es Cristina Jurado, escritora, seleccionadora de Alucinadas y editora de SuperSonic. Ella fue la encargada de hacer el prólogo de Diez variaciones sobre el amor en 2015 y ha realizado uno nuevo para esta edición. Muy amablemente nos lo ha cedido para que podáis leerlo aquí y, si os convence, animaros a adentraros en la ciencia ficción filosófica de Teresa P. Mira.

Prólogo a la edición española de Diez variaciones sobre el amor
de Teresa P. Mira de Echeverría
Por Cristina Jurado

El esfuerzo de crear se compensa con la voluntad de leer. Nos encontramos así con una acción/reacción, un intercambio de energías entre autor y lector que se persiguen entre sí, se buscan entre las páginas escritas y, a veces, en ocasiones especiales, se encuentran. Este libro salió a mi encuentro hace un par de años, cuando Teresa P. Mira de Echeverría me pidió una noche con timidez, conversando casi de puntillas para no despertar a los durmientes, que lo prologara. Nos habíamos conocido a raíz de la antología TerraNova (Sportula), en la que su relato “Memoria” me había cautivado y, más tarde, en la primera convocatoria de Alucinadas (Palabaristas), esa aventura de narrativa breve de ciencia ficción en español escrita por mujeres que ayudé a editar en 2014. Teresa consiguió alzarse con el premio de la convocatoria gracias a su maravilloso cuento “La Terpsícore”. Ahora, en esta nueva edición para España, nos tropezamos otra vez, ella y yo, sus mundos y el mío, y la energía sigue ahí. ¿No dicen que nunca se pierde? Yo lo confirmo. Esa energía, que algunos llaman magia, permanece y se ha sublimado gracias al tiempo, fertilizante eficaz que amplifica los efectos: la inquietud que provocan las historias de esta antología se hace más turbadora; la especulación, más poderosa; la reflexión, más profunda.

Si ya en su primera lectura el libro me cautivó, en posteriores he sentido sus garras arañando mis sentidos y mi entendimiento. Porque este libro es un tablero de juego desplegado por la autora para que cada uno enfrente sus propios prejuicios, refiriéndonos a la actividad mental previa a la experiencia que llega a distorsionar nuestra percepción. En este caso se aborda el amor, ese sentimiento cantado por muchos como motor de la realidad y, por otros tantos, como mal incurable y origen de desdichas. A quienes duden de que esta temática se pueda tratar desde el punto de vista de la ciencia ficción, les contesto que lean la antología y, después, me digan si su recelo era fundado.

Teresa es una hábil narradora que posee una voz propia, alguien que de pequeña quería viajar a las estrellas y que, de mayor, para convertir su sueño en realidad, las inventó. Su interés por las preocupaciones existenciales en el marco de la ciencia ficción está vinculada con su vocación profesional como estudiosa e investigadora de la filosofía. No es de extrañar que eligiera esta temática, el amor, como la espina dorsal de la antología, un concepto que le permite examinar las relaciones interpersonales, experimentando con situaciones insólitas.

Porque, desde la antigüedad, el amor en todas sus versiones ha sido una fuente inagotable de historias. Amor y desamor, pasión y despecho, cariño y odio, atracción y repulsión, todos estos sentimientos han servido para crear algunos de los personajes más icónicos de la literatura universal, desde Otelo a Elisabeth Bennet pasando por Lady Macbeth, Yuri Zivago o Estraven. En Diez variaciones sobre el amor se recorren precisamente las distintas gradaciones de este sentimiento, se abren ventanas y entornan puertas, y se nos invita a pasar, a introducirnos en las historias, a “visitarlas”. Lo que nos proponía la autora, decía yo en aquel primer prólogo de la edición argentina, era la posibilidad de adoptar el papel de espectadores, e incluso de identificarnos con alguno de los personajes y sus circunstancias. Hoy creo que la meta es la de ir más allá para incitar a la reflexión. No se trata tanto de que juguemos a ser uno de los protagonistas, como a que examinemos si podríamos enfrentarnos a las situaciones planteadas y de qué forma lo haríamos. ¿Podríamos amar a un ser que no fuera un humano? ¿Cómo sería esa relación? ¿Qué implicaciones entrañaría?

Cubierta de la primera edición de Diez variaciones sobre el amor.

Me parece un gran acierto que la antología se inicie con “La poética de las sirenas”, una novela corta, en realidad. En este caso, Teresa ahonda en la relación sentimental que se establece entre un poeta genético y una mujer-poema. Como Pigmalión enamorado de su Galatea, el protagonista es capaz de construir una familia con la obra de otro, encarnada en mujer, permitiendo a la argentina cuestionar no solo el concepto de familia en la sociedad actual, sino la relación endogámica entre el artista y su obra.

Al principio, cuando le conté esto, el rostro de Sir Vázquez se alegró como nunca, pero enseguida se puso hecho una furia. Dijo que como yo no soy humana, como no soy más que una persona a medias, una persona poética, necesitaría un padre genetista que me ayudase a concebir. Que él no pensaba cometer incesto. Incesto, ¿entiende? Esa horrible palabra es lo más cercano a reconocerme como hija que jamás estuvo en toda mi vida…

El segundo relato es “Dextrógiro”, una travesía hacia la singularidad de la galaxia con ecos borgianos, que ilustra un viaje íntimo de la autora al centro de sus propias inquietudes trascendentales. En este relato el amor se entiende como amor hacia uno mismo y se ejemplifica a través de la búsqueda del autoconocimiento.

Estás atrapado, ¿eh? Yo también. Tú, fuera de tu cabeza, y yo, dentro de la nave. O ambos en los dos sitios a la vez. Doblemente entrampados. ¡Triplemente! Casi olvido el núcleo galáctico, la fuerza de los millones de soles apiñados en el corazón de la Vía Láctea, la curva casi negativa del espacio en el centro exacto, jalando de nosotros… de tu mente, de mí, hacia sus fauces.

La historia de “Pterhumano” recuerda a La estación de la calle Perdido de China Miéville por su atmósfera urbana, al más puro estilo Bas-Lag, y por sus aves antropomorfas sin alas, deseosas de obtener una libertad que les está negada. Este escenario permite a la autora examinar la dinámica de las relaciones amorosas interespecie.

—¿Acaso puedes darme mi libertad?
La muchacha retrocedió, asustada, hasta la cabecera de la cama, manoteó la sábana y se cubrió con ella mientras lo miraba con intriga y miedo.
—¿A que no puedes? —susurró él con su pico pegado al oído de la chica.
Ella negó con la cabeza.
—Lo suponía —dijo Jeroen, mientras se sentaba con las piernas cruzadas, justo frente a Shauna— ¿Lo ves? —completó con una risa sarcástica y dolida— No puedes darme lo que deseo —entonces miró a su alrededor y murmuró—. Tan sólo puedes decorar mi jaula.

“La lámpara de Diógenes” destaca porque es el único relato en el que la autora aborda el amor a través de su ausencia, mostrando la incapacidad del ser humano para sentir empatía, no solo hacia criaturas de otras especies, sino hacia sí mismo. Para ello se vale de una criatura schrödingerarina, un ente que es y no es al mismo tiempo, un sujeto cuántico estudiado en un laboratorio por una sucesión de personas que representan a la humanidad en vías de extinción moral.

El femtomívero no era el que iba y venía de la existencia: era él quien lo hacía. Él, junto con toda la raza humana y todo el universo.
El femtomívero sólo era la grieta viviente, el catalizador.
El único ser verdaderamente continuo era ese extraño ente cuyo pétreo cuerpo estaba tocando; el resto oscilaba entre el ser y el no ser.
Como un ojo parpadeante contemplando un punto fijo, así el hombre y todos los seres de este universo veían al femtomívero.

Al final, en el otro amado, perteneciente a una especie distinta, proyectamos aquellos aspectos de nuestra personalidad que nos son ajenos, que tememos, que nos incomodan, pero que percibimos como elementos latentes, que nos atraen y nos repelen al mismo tiempo, ya que representan anhelos íntimos muy profundos. Esta premisa es la que emplea la autora en “A su imagen”, una historia que también explora el amor interespecie.

Ella no era su hija, no lo era, ¡claro que no lo era!; no podía serlo. Lo que la sabandija sufría era un proceso de mitosis monádica; se estaba reproduciendo a sí misma. Era como una célula asexuada, sólo que en lugar de dividirse en dos, se regeneraba.
Ella era su propia hija. Hija de sí misma, no de él.

La amistad, entendida como una relación intensa de hermanamiento, se narra en “Spider”. En esta historia se asoma de nuevo el universo melvilliano al imaginario de la autora mediante la figura del cíborg arácnido que recuerda al ser primigenio de Bas-Lag. La araña robótica servirá en esta ocasión de chamán en el rito de paso de unos adolescentes hacia la edad adulta, con múltiples referencias a la cultura indígena argentina.

Anarí, por su parte, miró más allá de la tela y vio cómo en cada cruce de los hilos había justo una estrella, como si la araña hubiese tejido un mapa del universo a esa hora y desde ese punto de vista. La garganta se le contrajo en un nudo de asombro al vislumbrar los alcances de tal maniobra. Para él, aquello era un milagro: la araña había trascendido la mera realidad y era un espíritu tutelar encarnado, un ser superior; una diosa.

“Otoño” es sin duda uno de los relatos más audaces porque cuestiona la unidad familiar socialmente aceptada y muestra una alternativa, tanto en este terreno como en el reproductivo. En esta historia está muy presente el amor interespecie, un recurso que emplea Teresa para desbaratar las normas sociales establecidas, valiéndose del incesto como una herramienta que le permite meditar sobre las relaciones paterno-filiales.

Philip corrió hacia él y se arremolinó en sus brazos, envolviéndose con ellos como si fueran bufandas. Antes de que pudiera reaccionar, su hijo lo estaba besando. Jupa era con quien retoñaría, y aunque Philip amaba a sus tres padres por igual, a Jupa lo anhelaba con una pasión casi sensual.

“Vidrio líquido” supone una interesante vuelta de tuerca: esta vez nos encontramos ante el amor intertemporal. Una viajera que ha retrocedido al pasado, una retroartista, será capaz de poner en peligro una o varias líneas temporales para salvar a la persona amada por encima de sus propios intereses. Este relato, además, plantea interesantes preguntas en torno a la intolerancia religiosa y a la percepción de la realidad.

—Vous êtes ma douce sorcière. Et je suis votre fidèle épouse, ma Leonora!
Yo, su dulce bruja… Ella, mi fiel esposa…
Pronto estaremos en el futuro. Ella aprenderá, verá la verdad: que las brujas no existen, que le han hecho creer que ella lo es de tanto inculcárselo, de tanto perseguirla, de tanto hacerla sentirse culpable por sobrevivir.

De nuevo el arte se hace presente en esta antología a través de “El obsequio”. La narración nos transporta al planeta Ataun, en el que un pintor de cuadros químicos regalará su obra, un ser vivo, a un mundo agonizante. Se trata de una forma elevada de amor, en la que el creador ofrenda la máxima expresión de su arte en aras de unos principios que lo trascienden. La creación artística, de alguna forma, adquiere una dimensión reproductiva.

Entonces podría crear su obra magna.
La pintaría con sustancias generadas a partir de sus ideas, en las que se mezclaría su propia esencia (las hormonas de sus glándulas y los impulsos eléctricos de sus neuronas en el instante mismo en que imaginara el cuadro), con las de los animales de los cuales obtendría la lautinia. Porque la lautinia refinada era el ingrediente central de los cuadros químicos, el catalizador final de la visión del autor.

El último relato, “Como a sí mismo”, invita al lector a replantearse sus ideas sobre la ingeniería genética aplicada a los seres humanos, no ya desde la perspectiva deontológica habitual, que suele tratar sobre la ética de la clonación humana. En esta historia la autora va más allá y plantea la paradoja moral que surge de una relación sentimental entre dos clones.

Los temblores se volvieron convulsiones… en ambos. Cuando por fin cesaron, Gastón se levantó tiritando, y con gran esfuerzo enderezó la silla con el hombre encima. Luego se agachó a su lado y se concentró en su rostro: el mismo que el suyo. No una copia, no un ardid: él, su espejo de carne y hueso. Y ni siquiera eso, porque no era una imagen, era él, él mismo. A = A.

Crear es un acto de generosidad. Quien pinta, esculpe, diseña o interpreta no ofrece a su audiencia una obra: ofrece su delirio, sus sueños y obsesiones, la cara oculta de su alma, sus traumas y sus pequeñas victorias. El libro que tienes ante ti representa precisamente eso, es un compendio de las distintas formas que puede presentar un sentimiento poderoso, capaz de desencadenar guerras, construir objetos artísticos maravillosos y cambiar el rumbo de la Historia, con mayúsculas, además de la historia cotidiana, con minúsculas. Espero, confiado lector, que te atrevas a dejarte guiar por los senderos de tus propias emociones y las descubras a la luz del universo personal, único y original de Teresa P. Mira de Echeverría.

Cristina Jurado
Dubai, marzo de 2017

 

Colaborador
Cristina Jurado (Colaboradora): (Madrid, 1972), licenciada en Relaciones Públicas, autora y editora de antologías y de la revista SuperSonic.
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Laura S. Maquilón
Laura S. Maquilón (Reseñas/Fichas de autoras): Sierpe. Lectora por vocación. Medio arquitecta por amor al arte. Amante de la fantasía desde pequeña y fascinada por la ciencia ficción. Escribo relatos y tengo muchas historias en la mente. También escribo reseñas. Y artículos. Y hasta la lista de la compra.
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