Redescubriendo La Bella y la Bestia

Que yo iba a terminar hablando aquí de La Bella y la Bestia estaba escrito en las estrellas. No solo es una de mis historias favoritas de todos los tiempos, sino que también ha tenido una enorme influencia sobre mí. Todavía me maravillan los análisis e interpretaciones que se siguen haciendo de la versión de Disney, quizá la más conocida ya en nuestra cultura popular. Pero este cuento no es obra de Disney, por supuesto. Tampoco lo es de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, a la que se ha conocido tradicionalmente como autora del texto original. La verdadera autora de La Bella y la Bestia es Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve; una mujer cuya obra fue despiezada y condenada al olvido, y a la que no se le dio crédito alguno en favor de Beaumont. ¿Y acaso existe una excusa mejor para hacerle un hueco en La Nave Invisible?

Descubrí la existencia de Villeneuve hace unos meses y, desde entonces, andaba detrás de su obra. Los estudiosos prometían en el texto original (publicado en 1740) una crítica social a las costumbres de su tiempo y una complejidad de temáticas y personajes que Beaumont había eliminado por completo. Que esta última no hubiese esperado ni dos años tras la muerte de su predecesora para elaborar y difundir su propia versión, que fagocitó por completo a la de Villeneuve dentro y fuera de Francia, me tenía muy intrigada. ¿Fue simple casualidad o una maniobra deliberada? ¿De qué rayos hablaba Villeneuve? No sabía qué esperar.

bella-y-bestia_portada Por suerte, Ediciones de la Mirándola la tradujo por fin al español en 2013 (solo han hecho falta trescientos años, todo bien) y sacó a la venta una edición muy completa, que incluye también el cuento de Beaumont y dos de las que se consideran principales fuentes de inspiración del relato: la Fábula de Cupido y Psiquis y el cuento de El Rey Cerdo. Con semejante compendio, era inevitable (y mucho más interesante) llevar a cabo un análisis comparativo entre las dos versiones, para determinar qué se nos ocultó a los lectores en su día. Por eso, lo que hoy os traigo no es una simple reseña, sino un híbrido entre reseña y artículo en el que intentaré desgranar los elementos más representativos de la novela original. En otras palabras: ¡cuidado, spoilers!

Primero, hay una cosa que debo aclarar. ¿Merece la pena esta versión primigenia? Sí, muchísimo. ¿Es una lectura agradable? No. Lo advierto para que nadie se lleve a engaño. La estructura de la novela de Villeneuve puede hacerse bastante farragosa; se incluyen muchos detalles, se dan muchas vueltas y se mezclan gran cantidad de elementos y subtramas. Es imposible que ciertos tramos de la narración no se sientan abigarrados.

Pero estos recursos sirven a un propósito concreto: profundizar en los personajes, darles una personalidad más definida y, sobre todo, ofrecerle a la autora barra libre para hablar de lo que quería hablar. Que era mucho, al parecer.

La novela se divide en tres partes bien diferenciadas. La primera es la que adaptó Beaumont y la más conocida por el público: la historia del rico mercader y su familia que pierden su fortuna, el viaje, el castillo, la rosa, la Bestia, el pacto, la chica que se entrega para salvar a su padre, etc. Ya sabemos todos lo que sigue, ¿no? Sin embargo, la novela no termina con la transformación de la Bestia; tras una breve transición, hay una segunda parte en la que él nos cuenta la historia de su vida y el origen de la maldición. Y, por último, tenemos otra narración explicando los orígenes de la Bella y su verdadera familia.

Es en esta segunda mitad donde parece que a Villeneuve se le va la mano. Pero la historia de la Bestia no solo es vital para comprender al personaje, sino para reforzar el mensaje que la autora quería transmitir. Otro tanto pasa con la historia de la Bella: aunque todo se embrolla demasiado, sigue habiendo perlas importantes entre el maremágnum feérico. En definitiva, podría decirse que la obra de Villeneuve es como su propio monstruo: poco apetecible por fuera, pero con un núcleo muy interesante.

La versión de Beaumont no tiene estos problemas: es mucho más simple, concisa y (seamos francos) mojigata. Los personajes son arquetipos al servicio de la moraleja, como cualquier cuento normal. Todos los matices y la chispa son sustituidos por una sosería mayúscula. Pero los giros de Villeneuve ofrecen una perspectiva más rica, y quien más sale ganando son los personajes, a los que da un volumen nada desdeñable.

 Ilustración de H. J. Ford, una de las representaciones más fieles del monstruo descrito por Villeneuve.

Ilustración de H. J. Ford, una de las representaciones más fieles del monstruo descrito por Villeneuve.

Para empezar, la Bella no es la encarnación de la virtud que Beaumont popularizó. En la versión original, es una muchacha normal. Hermosa y virtuosa, pero también inteligente, aguda y con bastante carácter. Villeneuve se esfuerza en trasmitirnos que no es de piedra y que las cosas la afectan como a cualquiera, aunque tiene la sensatez suficiente para adaptarse a los reveses. Es sobre todo una muchacha práctica (¿para qué amargarse, si esto es lo que nos ha tocado?), lógica y optimista, aptitudes que sus hermanas consideran muy vulgares y que siempre están despreciando. Y la Bella se irrita con ellas, se harta, se impacienta. Algo que ni en sueños insinuó Beaumont, porque su Bella es perfecta.

A lo largo de la obra, nunca deja de hacer gala de un carácter analítico y racional, y tampoco pasa desapercibido su orgullo. No se entrega al monstruo como mártir, inmolándose para salvar a su padre, sino por puro sentimiento del deber. Tampoco le entristece demasiado perder de vista a sus hermanas y, una vez queda claro que la Bestia no la va a matar y se instala con él, disfruta sin reparos del castillo. Cuando le pide a la Bestia regresar a casa es por simple nostalgia y agobio, no porque su padre esté solo y enfermo y lo tenga que socorrer. Y, si después regresa, no es solo por afecto o por cumplir su promesa, sino porque el mundo que echaba de menos ya no le gusta. ¿Todo esto la hace menos noble y menos pura? No sé, pero al menos sí la hace más auténtica e interesante.

Mención aparte merece su relación con la Bestia, porque, contra todo pronóstico, La Bella y la Bestia de Villeneuve no es una historia de amor. Os pongo en situación: la rutina en el castillo es que ella pasa sola el día entero y la Bestia solo aparece durante la cena para preguntarle qué tal está. Tras ese breve intercambio, él siempre le pregunta si se quiere acostar con él (acostar, no casar, como en la versión de Beaumont), a lo que la Bella responde que no. La Bestia se despide y se va. Ese es todo el trato que tienen y, como es lógico, ella termina convencida de que a la Bestia le falta un hervor. Y no es algo que le inspire compasión, precisamente.

(Recordemos aquí que bête en francés no solo significa “bestia”, sino también “estúpido”; y la maldición que sufre el príncipe le afecta en ambos sentidos, el físico y el intelectual).

Por otro lado, todas las noches se le aparece en sueños un guapo muchacho con el que charla y que la corteja. Este le dice que es prisionero de la Bestia y que solo ella lo puede liberar. Conforme avanza la historia, la Bella está cada vez más enamorada del joven y más frustrada con la Bestia. Pero una noche él le muestra una visión de sí mismo intentando asesinar a la Bestia para liberarse; y es al ver a este en peligro de muerte cuando ella reacciona interponiéndose y protegiéndolo. Porque, aunque el monstruo sea feo y estúpido, la ha acogido allí, le da todo lo que desea, cuida de ella y nunca le ha hecho ningún daño.

Ilustración de Walter Crane: la Bestia moribunda por la ausencia de la Bella

Ilustración de Walter Crane: la Bestia moribunda por la ausencia de la Bella

Este es el auténtico punto de inflexión de la historia. A partir de ese momento, la Bella no para de debatirse entre el amor y el deseo que siente por el joven y el afecto y la gratitud que siente por la Bestia. Corazón contra razón. Ella sabe que lo más sensato sería aceptar a la Bestia y casarse con él. Pero, aun así, no quiere. Por un lado, la idea de pasar la vida junto a alguien incapaz de darle conversación inteligente la deprime. Y, por otro, un matrimonio con una bestia le parece repulsivo. Porque (y este es otro punto genial de Villeneuve) la Bella es consciente de que un matrimonio se tiene que consumar. El casamiento va unido al sexo, y el sexo con una bestia es aberrante.

Para ella estos dos puntos son de vital importancia y no está dispuesta a renunciar a lo que desea. Al final, solo cede porque el joven le dice que la única forma de liberarlo es aceptar la proposición de la Bestia. Que eso pondrá fin a todo, que confíe en él. Y, entonces, la Bella se resigna y acepta acostarse con el monstruo, a cambio de su palabra de matrimonio.

Y se acuestan. Nada tórrido, solo duermen juntos. Y, a la mañana siguiente, el monstruo se ha transformado en su joven enamorado, porque obviamente eran la misma persona. Nada de esto aparece en la versión de Beaumont, donde el simple hecho de aceptar el afecto que siente por la Bestia ya rompe la maldición. Pero para Villeneuve era necesario este acercamiento mucho más íntimo; quizá porque es en la intimidad del dormitorio donde una muchacha descubre de verdad si su marido es un príncipe o una bestia. La metáfora es tan directa que no pasa desapercibida.

Todos estos matices del carácter de la Bella son imperdibles, porque, aunque se haga hincapié en lo virtuosa que es, nunca se la despoja de su voluntad ni se la convierte en un muñeco de cartón que lo soporta todo, como hizo Beaumont. Pero si ella sorprende, la Bestia impresiona. Incluso desde su primera aparición, donde se encarga de dejarle claro al padre de la Bella que no se le ocurra mandar allí a ninguna de sus hijas sin explicarles detalladamente lo que se van a encontrar y cómo es él. Para la Bestia, es imprescindible que la joven en cuestión sea muy consciente de la situación. Y, cuando la Bella llega al castillo, lo primero que hace es asegurarse de que está bien informada y ha ido allí por voluntad propia. Dos detalles que Beaumont también eliminó.

No se nos dan demasiados datos de él durante la primera mitad de la novela, porque lo vemos a través de los ojos de la Bella. Pero cuando recupera su forma humana y nos cuenta su historia, Villeneuve nos presenta un giro muy inesperado. Huérfano de padre e hijo de una reina guerrera que pasó buena parte de su vida en el campo de batalla, el príncipe creció al cuidado de un hada vieja y perversa que, al alcanzar el chaval la adolescencia, intentó aprovecharse de él. Muy sutilmente, Villeneuve insinúa un acoso sexual del hada hacia el muchacho, que no solo no entiende nada, sino que está bastante horrorizado.

Esto tiene un valor impresionante. Primero, porque, igual que hemos visto a la Bella representando a las doncellas entregadas como mercancía en matrimonios concertados, ahora tenemos al príncipe convertido también en carnaza y objeto de deseo. Villeneuve los coloca a ambos al mismo nivel, haciéndoles atravesar una experiencia similar. Y, segundo, porque reformula por completo al personaje, ya que su maldición nace de ahí, de rechazar al hada malvada cuando ella se empeña en tomarlo como esposo. Y no la rechaza con orgullo y altivez, sino con terror y súplica. La maldición que lo convirtió en bestia ni fue culpa suya ni fue un castigo a su mala conducta, sino una simple venganza por despecho. Porque él siempre había sido buena persona.

Walter Crane: la Bella y la Bestia

Walter Crane: la Bella y la Bestia

En este punto te enteras de que todo lo que ha sucedido entre ellos, desde la amenaza de muerte a su padre hasta las propuestas diarias de compartir cama, estaba calculado al milímetro para que se cumplieran las distintas exigencias de la maldición. Pero él no quería amenazar a nadie (porque no es violento) ni quería incomodarla con sus propuestas. ¡Era él quien tenía miedo de ella, en realidad! Miedo a no ser suficiente, a no satisfacerla, a no poder salirse del guion que se le había impuesto. La inseguridad lo sumía en una terrible depresión. Pero la mayor barrera entre ellos era la imposibilidad de comunicarse.

Y esto se carga de un plumazo la idea tóxica que tantas veces se ha asociado a esta historia y que tanto mal hace, en la ficción y en la vida real: que con amor se puede cambiar a un hombre violento y despreciable hasta convertirlo en alguien bueno. El mensaje de Villeneuve es radicalmente opuesto: la Bella no necesitaba cambiar nada ni redimir a nadie, solo romper la maldición; y la maldición se rompe con la confianza, que es el puente básico que hay que tender para lograr entenderse con otra persona.

Por supuesto, toda esta vulnerabilidad y sumisión de la Bestia es algo que también eliminó Beaumont, ciñéndose solo al “es bueno”. Del mismo modo, suprimió las debilidades y miserias del padre de la Bella, a quien Villeneuve hace cobarde y de carácter mucho menos resuelto que su hija; y borró del relato al tío del príncipe, uno de los personajes secundarios que aparece en la recta final y que es un rey pacífico, amable y sentimental. Tampoco tuvo palabras para la madre de la Bestia, la reina guerrera; o para el hada buena que guio a los dos jóvenes y arregló la vida de todo el mundo con su sabiduría y constancia; o para el hada malvada que no tenía ningún escrúpulo en hacer cualquier cosa para conseguir lo que deseaba. Los hombres y mujeres de Villeneuve, tan humanos y alejados de modelos estándar, fueron los grandes perjudicados del lavado de cara que se le hizo a la historia (y que aún se le sigue haciendo).

Sí, La Bella y la Bestia gira en torno al sistema matrimonial francés del siglo XVIII, denunciando sus malas prácticas y reflexionando sobre el secreto del éxito. Mientras que Beaumont escupía que la bondad debe primar por encima de la belleza y la inteligencia, Villeneuve deja a un lado las ñoñerías y afirma que lo imprescindible para que un matrimonio sea feliz es la compatibilidad de carácter y de edad. Sin esos dos factores, la unión no está equilibrada; y en esos casos suele ser siempre la mujer quien sale perdiendo, tanto si es una niña condenada a casarse con un hombre maduro, como si es una mujer madura unida a un marido joven (los primeros, someten; los segundos, humillan).

Si la relación de los protagonistas funciona al final es porque ya existía esa afinidad entre ellos y su encuentro no fue en absoluto obra del azar. Aun así, hay también en su relación un llamamiento a la esperanza para las muchachas desposadas en matrimonios concertados: aunque el desconocimiento o el temor a la intimidad y al sexo hagan que el esposo parezca tan amenazador como una bestia, habiendo afinidad entre ambos bastará con un poco de confianza y comunicación para darle a las cosas su verdadera dimensión. Y ni el amor ni el deseo son incompatibles con estas circunstancias.

Walter Crane: la Bella y las criaturas del castillo.

Walter Crane: la Bella y las criaturas del castillo.

Villeneuve no desaprovecha la oportunidad para insinuar que lo ideal sería poder casarse con quien cada uno quiera (el tío del príncipe es rey de un lugar llamado Isla Feliz, cuya característica principal es que allí la gente se casa por amor; más claro, imposible). Pero también es realista y sabe que las convenciones sociales del mundo real son demasiado fuertes. La reina madre no está nada contenta con que su hijo se haya desposado con la hija de un comerciante, a pesar de que la Bella haya roto la maldición. Y, aunque el hada buena la critica duramente por ello, Villeneuve le inventa a la Bella un pasado secreto que le otorga también sangre real, porque si no estaría yendo en contra de su propio mensaje al presentarnos un matrimonio desigual. “No me obligues a vivir la vida entera soportando que la gente me eche en cara no ser digna de ti”, dice la Bella con orgullo cuando el príncipe le suplica a su madre que ceda. En cierto modo, nos da una de cal y otra de arena, precisamente porque el amor no puede superar todas las barreras y es absurdo pretender lo contrario.

Por último, ¿qué pasa con la moraleja? No deja de ser curiosa la forma tan categórica en la que Beaumont castiga a las hermanas de la Bella al final de su cuento, por el simple hecho de haber sido mezquinas y celosas. A Villeneuve eso le da igual; lo único que ella castiga es la ambición desmedida: ambicionar riquezas, ambicionar poder, ambicionar a una persona contra su voluntad, como si fuese una cosa. Esa mentalidad materialista es lo que más critica a lo largo de su obra, pero no existen castigos divinos. De hecho, la gente buena también sufre: el príncipe, la madre de la Bella… La diferencia es que ellos no pierden la esperanza, no se rinden, y al final logran recuperar su libertad. El hada malvada es castigada por sus crímenes (y su crimen es el peor de todos: ambicionar personas), pero para las hermanas de la Bella no hay más castigo que sus propios matrimonios insulsos basados en el dinero. En definitiva, hay muchos más grises que colores absolutos.

Por todo ello, ha merecido la pena bregar con este texto. Los altibajos de la prosa no impiden que Villeneuve haya presentado un mensaje potente, bien hilado y sin cabos sueltos. Si la narración se parece un poco a la Bestia, el contenido es tan práctico y racional como la Bella. Ha sido un gusto encontrar algo así escrito en esa época, sin pelos en la lengua y por una mujer que se merece muchísimo más reconocimiento del que se le ha dado. Y una auténtica pena que algunas de las claves que tocó se hayan desvirtuado tanto con los siglos.

Pilar Caballero
Pilar Caballero (Reseñas/Corrección): Dikana en el ciberverso. Humanista, escritora y multitasking editorial, fan del storytelling en cualquiera de sus formatos. Criada en el terror, formada en la fantasía y ahora enamorada de la ciencia ficción. Me dedico a reseñar todo lo que caiga en mis garras como si no existiera el mañana.

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17 comentarios en “Redescubriendo La Bella y la Bestia

    • Wow, ¡muchísimas gracias! ❤ 😄

      Me alegro de que te haya gustado. La novela de Villeneuve no fue lo que me esperaba, ¡pero detalles interesantes tenía a punta' pala, jajaja!

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  1. A raíz de un concurso que consistía en reinterpretar un cuento, leí el de Beaumont, hace dos años o así. No me pareció la gran cosa pero sí el cuento del que partir para hacer mi texto para el concurso. O lo iba a intentar porque al final ni lo escribí, no me acuerdo por qué xD.

    Desde luego el de Villeneuve es mucho más interesante. No sólo porque la historia es diferente, si no por los personajes y el mensaje que transmite, que es completamente diferente al que luego se ha difundido. Por desgracia me temo que no la primera historia que le debe de pasar, así que se agradece estos trabajos tan bien hechos.

    ¡Gracias Dik por el genial artículo! 😀

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    • ¡Gracias a ti por leer y comentar! ❤

      Pff, fíjate lo "interesante" que me debió parecer a mí la versión de Beaumont que tuve que leerla en 5º de carrera y la olvidé por completo inmediatamente después X'D No había vuelto a leerla hasta ahora, al terminar la novela de Villeneuve, y me pareció lo más soso del universo. La historia de La Bella y la Bestia es una de mis favoritas, pero siempre he sido fan de la versión Disney, más que del cuento.

      Después de leer a Villeneuve, sin embargo… bueno, hasta se empieza a tambalear un poco mi amor por la versión Disney. El tratamiento que ella hace de la Bestia y la maldición me ha impactado mucho. Que él siempre hubiese sido bueno, que la maldición fuese una venganza y no un castigo, toda esa vulnerabilidad… Me da mucha pena que todo eso se haya ido retorciendo hasta convertirlo en un salvaje con un carácter de mierda u_u Pero sí, tienes toda la razón, no es la primera vez que pasa algo así en la historia de la literatura. Menos mal que en este caso se pudo recuperar la versión original (y nos la han traído en español, que ya es bastante XD).

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  2. Solo he leído la versión de Beaumont y, en cualquier caso, La Bella y la Bestia no es mi cuento favorito, pero aun así este artículo me ha hecho verlo con otros ojos. Además, creo que una peli checa que vi casi por casualidad hace algún tiempo se basaba en la versión de Villeneuve (y por eso la juzgué poco fiel al cuento, irónicamente), que desconocía casi por completo. ¡Enhorabuena por el artículo, está genial!

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    • ¡Muchas gracias! 😀 Me alegro de que te haya gustado.

      La verdad es que la versión de Beaumont tiene poco de lo que enamorarse; el mensaje es tan simplón que se siente hasta burdo. A mí no me gustó nada que lo redujera todo a la bondad, por ejemplo, porque que una persona sea muy buena no impide que te vaya a hacer desgraciado/a vivir a su lado si no tenéis nada en común. En ese aspecto, la visión de Villeneuve me pareció mucho más inteligente e igualitaria, porque tampoco defiende que las muchachas se sacrifiquen sin más. Lástima que el texto de Villeneuve sea tan enrevesado y cansino de leer en algunos puntos 😄

      Pelis hay un montón circulando por ahí, yo he visto tres o cuatro versiones, sin contar la de Disney. Pero ninguna me llegaba a convencer del todo. Sería genial pillar alguna que de verdad siguiera la trama de Villeneuve (o que al menos conservara la esencia de los personajes, porque encontrar a una bestia que no sea violenta es misión imposible 8’D).

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    • ¡Muchísimas gracias! ❤

      La verdad es que yo siempre recomiendo a Villeneuve con moderación, porque, aunque la novela original tiene un montón de puntos interesantes, es un poco pesada de leer en algunos tramos. Sobre todo hacia el final, las cosas empiezan a enredarse mucho y a suceder de forma demasiado acelerada. Pero yendo advertido, creo que puede ser una lectura muy interesante 😀

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  3. Estimada Dikana:

    Felicitaciones por tu perspicaz artículo/análisis/reseña. La verdad es que si te hubiéramos conocido antes, te habríamos pedido el prólogo para nuestra edición de La Bella y la Bestia :-). Si no te molesta, pondremos un enlace en nuestro sitio web.

    Un saludo afectuoso,

    EDLM

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    • ¡Muchísimas gracias por vuestro comentario! 😀

      Y gracias a vosotros también por hacer posible que el texto original de Villeneuve haya llegado a los lectores de habla hispana. Vuestro prólogo ya me pareció estupendo y fue un gran acierto incluir esos apéndices en la edición; resultaron de gran ayuda para poder analizar la obra original con más propiedad 🙂 Por supuesto que no me molesta que enlacéis el artículo en vuestra web, es todo un honor, ¡muchas gracias de nuevo!

      Saludos y mucho ánimo con vuestro proyecto 🙂

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  4. Muchísimas gracias por esta aportación, incisiva y completa. Me gusta mucho cómo comparas un texto con otro, y no puedo estar más de acuerdo con todo lo que expones.

    Hace unos años, antes de que Ediciones De La Mirándola publicase el texto de Villeneuve, por fin, en español, yo lo había leído, en inglés, online, gracias al Proyecto Gutenberg, que lo había rescatado del olvido. Fue a raíz de preparar un club de lectura sobre el texto adaptado de Beaumont, en inglés, para mis alumnos de 5* y 6* de Primaria. Ya entonces, deseaba fervientemente tener la traducción en español, para poder trabajar con él en otro club de lectura. Este año, por fin, tuve oportunidad de hacerlo, pero en un club de lectura dirigido a padres de alumnos.

    Ya habíamos trabajado, en cursos anteriores, sobre “Rebelión en la Granja”, de Orwell; “Yo, Robot”, de Asimov; y “El Lector”, de Bernhard Schlink. Así que, cuando les planteé trabajar sobre “La Bella y la Bestia”, quedaron más que sorprendidos. Todos lo consideraban un cuento pasteloso, para niños.

    Comencé situándolos en los dos textos, y deberán visualizar la película checoslovaca de 1978 a la que, ya, habéis hecho mención, anteriormente: “Panna a Netvor”, porque es ideal para desterrar ideas Disney preconcebidas (surrealista y tenebrosa, ganadora del Festival de Sitges de Cine Fantástico y de Terror). Hay, claro está, otras muchas versiones, que sería estupendo que, también, vieran.

    Lo que sí me parece interesante destacar es que, aparte del análisis y comparación de las dos líneas argumentales, así como conocer los cuentos anteriores y posteriores relacionados (hay infinidad de ellos; algunos, de autor conocido; otros, recopilaciones orales por toda Europa y, aún, fuera de ella), es conveniente tener presente la abundante SIMBOLOGÍA, NUMEROLOGÍA y aspectos MITOLÓGICOS que se entremezclan. Detectar y comprender estos “mensajes ocultos” aporta mucha riqueza a la comprensión del texto y, sobre todo, nos ayuda a valorar a Villeneuve, en su justa medida. No es casualidad que, en algunas logias masónicas, se haga referencia a nuestro cuento, y que Walt Disney, reconocido masón, hiciera una versión animada tan claramente cargada de simbolismo alquímico.

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  5. Me ha encantado la entrada. Sabía que era una historia reescrita, como la mayoría de los cuentos, y que tenía una continuación, pero nunca me había sentado a leer qué sucedía. Se me ha desencajado la mandíbula al leer el pasado de la Bestia y he corrido a mirar de nuevo cuándo se escribió la novela y me he sentido flotar. Sinceramente no sé si me gustará o no, pero ya sólo por los temas que trata y la forma, me encantaría darle una oportunidad por los protagonistas. Ojalá hubiera más gente que conociera esta versión y no tanto la que nos ha llegado.

    Mil gracias por escribir esto, ha sido muy informativo y revelador <3.

    ¡Un saludo!

    Atte. Rika~

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  6. Pues me leí el libro de Ediciones de la Farándula hace poco, le tenía muchas ganas después de leer este artículo y la verdad, no me arrepiento nada de nada de haber invertido en él!
    El cuento original de Villeneuve es precioso aunque en la parte del final con tanta explicación se hace algo pesado, pero me ha merecido la pena por saber más del trasfondo de la Bella y la Bestia (los personajes). Sin embargo, no sé si es mejor o peor que las otras historias, el mito de Cupido y Psique y las otras versiones del cuento, vayan después en el libro… Sinceramente, me costó mucho leerlas después de haber quedado tan contenta con el de Villeneuve xD A lo mejor si fuesen en el orden contrario lo habría leído con más ganas!
    En fin, recomiendo el original al 100% a los fans de este cuento, y la compra de esta edición merece mucho la pena.
    Un saludo y miiiiil gracias por este artículo <3<3<3

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