Ilsa J. Bick y su trilogía Cenizas

Ilsa J. Bick es una escritora estadounidense galardonada por sus numerosos cuentos y relatos, y muy aclamada por la crítica por sus obras Young Adult, donde se incluye la trilogía Cenizas, publicada por primera vez en 2011. Su primer volumen ha conseguido diferentes reconocimientos y nominaciones. Sombras, el segundo libro de la trilogía, llegó a las estanterías en 2012, y Monstruos, el volumen final, fue lanzado en septiembre de 2013 y obtuvo críticas destacadas de Publisher’s Weekly y Kirkus.

Cuando Alex se adentra en el bosque tiene diecisiete años, un tumor cerebral, una pistola… y una única idea en mente. Entonces se topa con un anciano y su nieta, Ellie, una niña que acaba de perder a su padre en la guerra de Iraq.

Justo cuando están a punto de separarse, un zumbido comienza a extenderse por el lugar y un fuerte dolor se apodera de Alex. Después, todo se vuelve extraño: pájaros muertos llueven del cielo, los aparatos electrónicos dejan de funcionar

Cuando por fin el dolor cesa, el abuelo ha muerto y Alex está sola con Ellie. Y en el bosque se oyen disparos.

Esta es la sinopsis de Cenizas; nos cuenta el inicio de una historia trepidante, llena de tensión y acción que nos atrapa por completo. Las primeras páginas de la trilogía nos muestran a la protagonista, Alex, antes de entrar en el bosque. Ilsa J. Bick usa un solo escenario, una conversación para, en pocas páginas y con un lenguaje claro y directo, descubrirte qué le ha pasado a Alex, qué va hacer y sus razones. Sin embargo, no es hasta que se adentra en el bosque cuando comienza la verdadera historia de Cenizas, y no se hace esperar. El amor de Bick por el senderismo y sus antecedentes militares se exhiben tanto en el remoto escenario, un Waucamaw Wilderness ficticio (basado en las montañas Porcupine en la Península Superior), como en las técnicas de supervivencia que Alex y Tom, uno de sus compañeros de viaje, utilizan para mantenerse con vida.

Portada de Cenizas, Nocturna Editorial.

La mitad del libro transcurre en la montaña, con la protagonista junto a Ellie y su perra Mina; su objetivo es buscar ayuda tras la muerte del anciano y comprobar que ningún aparato eléctrico funciona. En el camino, descubrirán poco a poco lo que ha ocurrido y, además, que es algo que ha pasado mucho más allá de la montaña.

Dicen que Cenizas es una trilogía para los seguidores de Los Juegos del Hambre y The Walking Dead, pero yo me inclino a decir que es más para los últimos.

Pronto descubren que tras el cortocircuito (como Alex llama a lo sucedido) muchas cosas han cambiado, incluida ella. En mitad de su búsqueda, se encontraran con unos chicos y una escena sacada de The Walking Dead, 28 semanas después o cualquier película de zombis o caníbales, que en Cenizas son “cambiados”. Después de una huida vertiginosa por el bosque y en medio de un ataque de una jauría de perros, aparece el tercer protagonista, Tom.

Una vez están los cuatro juntos (Mina también cuenta), encuentran una vieja radio y oyen algunas emisiones que hablan de lo ocurrido; esto es un clásico en las pelis del género. Escuchan frases entrecortadas y palabras sueltas que les hacen llegar a diferentes conclusiones, pero la básica es que están bastante fastidiados.

A poco más de la mitad del libro y cuando los protagonistas creen saber a dónde dirigirse, la trama da un giro radical. Como pasa en este tipo de historias, si pensaban que su mayor problema eran los cambiados estaban muy equivocados: su mayor problema son los que no lo han hecho. Serán los adultos, ya que por alguna razón los jóvenes son los afectados por el cambio, a excepción de algunos que son llamados “los salvados”, los que intenten controlar la situación. Cada grupo luchará en pro de su supervivencia y sus intereses, y esto nos llevará a situaciones bastante fuertes. Cuando, en una entrevista, Ilsa J. Bick hablaba sobre cómo reaccionan los personajes de Cenizas al final de la vida civilizada, dijo: «La gente del libro es parte de mí y piezas de todos los que he conocido». En otra entrevista a la autora, habla sobre cómo algunas distopías actuales nos muestran personajes que en situaciones extremas se comportan sorprendentemente bien. Dice:

Recuerdo haber leído un libro y preguntarme por qué nadie había entrado en la casa del niño y se había llevado todo. Después de haber trabajado con algunos reclusos bastante desagradables, siendo la hija de un sobreviviente del Holocausto, tratando con pacientes altamente perturbados… Sé que la gente no es tan agradable, especialmente cuando están bajo estrés.

El giro en Cenizas nos lleva a Rule, un pequeño pueblo cercado que supone un refugio para los no cambiados, pero sobre todo para los salvados. Allí ya llegará Alex sola y es cuando la cantera de personajes se expande.

Tras adaptarse a la vida en Rule, Alex descubrirá poco a poco que aquello es como las sociedades distópicas que estamos acostumbrados a leer en los últimos años: hablan de facciones, familias y los diferentes puestos a ocupar según tu valía. A esta sociedad le añadimos varios puntos clave: religión, retrogradas y la visión de la mujer como un útero. Con esta situación no es de extrañar que Alex quiera huir, o puede que tras lo vivido en Rule haya algo que la retenga.

La historia engancha desde el principio, lleva un ritmo trepidante, aunque tras ese cambio de escenario en Rule pierde un poco. Primero, porque ya no sabes nada de Ellie, Mina o Tom, y es que a mitad del libro Bick consigue que ya les tengas mucho cariño, sobre todo después de lo que viven. Entonces, Alex y el lector se encuentran en Rule, prácticamente no se vuelve a nombrar a los demás personajes y las descripciones se vuelven un poco más largas. Sin embargo, en las últimas páginas del primer volumen hay otro giro que deja el final muy en alto. Más bien, tenemos que hablar del no-final de Cenizas, porque, como ya dijo la autora en una entrevista, «cuando el mundo llegue a su fin, nada estará atado cuidadosamente». Nos encontramos que la historia simplemente se detiene con una gran cantidad de interrogantes abiertos.

Portada de Sombras, Nocturna Editorial.

En Sombras, la segunda parte de la trilogía, retomamos la historia, pero esta vez la autora nos la cuenta desde cuatro puntos de vista. En este volumen, contamos con un gran número de personajes que se unieron al final de la primera parte. Con todos separados, que la historia se cuente desde diferentes puntos de vista ayuda, no solo a conocer más a todos los personajes, sino a ir entendiendo lo que está ocurriendo. A las vivencias de Alex y Tom, se le suman las de Peter y Chris, personajes que pertenecen al pueblo de Rule. Este cambio constante de escenarios y personajes a veces resulta confuso. A eso hay que sumarle la falta de diálogos y las grandes descripciones, en mi opinión, demasiado largas y que hacen que la historia en ocasiones pierda fuelle. Sin embargo, Bick remedia esa pérdida de gas con escenas vibrantes. En Sombras tenemos mucha más sangre. Hay escenas que recuerdan a las películas de caníbales de serie B, muchos miembros desperdigados, cuajarones de sangre en la boca e incluso sexo a la luz de la hoguera entre cambiados, bien alimentados de sesos y ojos humanos. Todo un festival de vísceras del que Alex será testigo.

Los personajes masculinos ganarán protagonismo en Sombras, introduciéndonos un buen número de nuevos personajes. Conoceremos el pasado de Chris y Peter, pero sobre todo su presente, con secretos que nos van a dejar con la boca bien abierta. Peter nos ampliará la visión de los personajes que se nombran de pasada en el primer volumen; en este caso, una milicia bien preparada. Sobre todo, nos mostrará a Finn, un personaje que Bick consigue que te repugne. Sin duda, Peter es el que se lleva la peor parte y la autora consigue escenas bastante crudas y desagradables, vivencias extremas. Ante esto, Bick dijo: «Al final, si hay una amenaza directa para su supervivencia, todas las cosas buenas desaparecen. No hay absolutos morales en el fin del mundo».

Cuando lees Sombras, te da la impresión de estar viendo una serie o incluso una película; desde luego, tal cual está narrado quedaría perfecto, por todos los cambios de escenas, el aumento de personajes, etc. La autora consigue que no quieras parar de leer y estamos hablando de seiscientas páginas que tiene el segundo volumen. Matrícula de honor para Ilsa J. Bick; cuando empieza con los giros de trama esta escritora es fantástica.

Al final de Sombras, todas esas historias van rozándose unas con otras, manteniendo la tensión hasta la última página. Ante el no-final de Sombras, la historia culmina con la última parte, Monstruos. En el desenlace de la trilogía nos esperan más de ochocientas páginas; quizá a priori puedan asustar, pero al leer las primeras líneas, Bick hace que te olvides de eso. La autora consigue que aumente el deseo de conocer el desenlace de lo que lentamente ha ido cocinando durante todas sus páginas.

Portada de Monstruos, Nocturna Editorial.

En Sombras se deja el listón muy alto y con Monstruos no decepciona en absoluto. Si piensas que el ritmo no puede ser más vertiginoso, te equivocas. Si piensas que no puede sacarse más giros de la manga, también te equivocas, porque, como ya he dicho, esta autora es una maestra en ese aspecto.

En Monstruos notamos la evolución que han experimentado los personajes, algunos más planos compensados con otros mucho más profundos. Conoceremos el pasado de muchos secundarios y quizá en este punto lo que más se echa en falta es conocer algo más sobre Alex y sobre Tom. Lo que sabemos de sus historias es lo que ya nos contaron en Cenizas; por otro lado, la autora consigue que empatices con un buen número de personajes y eso no es fácil. Algo que me gustaría destacar en Monstruos son esos personajes grises, es decir, los que son muy malos en un momento, pero en otros puedes ver su debilidad, su humanidad e incluso su bondad. Este libro está lleno de personajes malos que no lo son tanto y de buenos que tampoco son santos. Por supuesto, también tendremos a personajes tipo.

Otro punto destacable es que no se explica absolutamente todo. Los personajes no tienen respuestas a todo lo que está ocurriendo, porque ellos están viviendo las consecuencias, no salvan el mundo, solo intentan salvarse a sí mismos. A veces, en las historias que leemos todo tiene un por qué, una explicación, pero creo que Bick lo supera. Es decir, en Monstruos nos encontraremos que no todas nuestras preguntas serán respondidas: esas mismas preguntas las tendrán los personajes y ellos nos responderán por qué nunca lo sabremos, y la lógica caerá como una pesada losa y entenderemos por qué muchas cosas se quedan en el aire.

En general, en la trilogía de Cenizas, Bick consigue momentos y escenas muy creíbles, decisiones y respuestas que cualquiera puede dar en un momento dado. Sí, viven un apocalipsis, pero no se convierten en salvadores del mundo; de hecho, no tienen ni idea de qué van a encontrar más allá.

En una entrevista para Random acts of Reading, le preguntaron a Bick sobre qué le inspiró a la hora de escribir sobre el apocalipsis. Su respuesta no tiene desperdicio: «¿Porque podría pasar mañana? ¿Porque la gente puede ser muy destructiva? ¿Porque la civilización es muy frágil?». La autora comenta que ha vivido momentos de miedo, como la carrera de armas nucleares, atentados o la degradación ambiental, y que en nuestros días el apocalipsis parece mucho más real. «Los recursos solo se harán más escasos, y el agua es el siguiente gran problema. La gente no se da cuenta de cuánto tiempo no tenemos mientras el ecosistema se va al infierno». Hace referencia a cómo estamos viendo tantas narraciones juveniles y YA distópicas en este momento en escenarios posibles y probables.

Pero si solo hubiera ruina y tristeza, entonces no me habría molestado con este libro o subgénero. Una de las cosas que me encanta acerca del YA es lo redentor que es. Estos niños se encuentran en situaciones deprimidas, las que crearon su sociedad o sus padres, y de lo que van estos libros es sobre cambiar el mundo y hacerlo mejor. Necesitamos desesperadamente ese tipo de energía y optimismo. Necesitamos que los adolescentes y los adultos jóvenes se den cuenta de que son los cambiadores del juego. Los adultos ya han tenido su oportunidad, su tiempo para un cambio. 

Para terminar, quería agradecer a Ilsa J. Bick su tiempo por responderme a unas cuestiones para esta entrada. La trilogía de Cenizas es muy recomendable y se diferencia de otras que nos han ido llegando en los últimos años. En primer lugar y como he dicho lo largo de toda la entrada, está plagada de escenas muy crudas. Cuando una mujer escribe ciencia ficción, ¿cree que los editores esperan una especie de historia más ligera?

Fotografía de la autora, Ilsa J. Bick.

«No del todo. Escribí hard-core orientado a la guerra de ciencia ficción durante bastante tiempo. Nadie me cortó. De hecho, recuerdo claramente que un editor me dijo que ampliara las escenas de batalla, y nadie se ha opuesto a mi recuento de cuerpos ;-)».

Otra de las cuestiones gira en torno a la historia de amor que nos encontramos en Cenizas. Parece que todas las trilogías o sagas YA tienen que tener una necesariamente. ¿Crees que por ser una escritora, se espera que la historia esté sujeta a una historia de amor? En Cenizas también hay una, ¿cómo lo enfocaste en el momento de escribirla?

«Esa es una muy buena pregunta. A riesgo de sonar un poco sexista… ¿sí? Es decir, no creo que se espere y nunca me he sentido impulsada a escribir una historia de amor, pero sí, me he dado cuenta de que parece haber más romance si la historia está escrita por una mujer, pero también dudo en hacer declaraciones categóricas como esa. Quiero decir, no soy una experta o crítica, y aunque intento leer todo lo que puedo, no puedo leer todo.

Solo escribo historias, y si sucede que hay un elemento romántico, genial. La mayoría de las veces, en mi trabajo y con mi estilo, no lo hay. Sí, hay relaciones y si uno o dos tienden en una dirección romántica, está bien. Pero nunca comienzo una historia que decida que quiero escribir un romance. De hecho, con la excepción de un libro, nunca he pensado en el romance al trazar una historia.

Realmente no lo planeé. Los elementos simplemente sucedieron cuando la historia se unió. Escribí sobre una chica en una situación sin salida, que decidió morir cuando el mundo se fue al infierno a su alrededor, y cómo ella lucha para sobrevivir. En una situación tan intensa como esa, los sentimientos se agudizan y todas las relaciones adquieren una urgencia que de otro modo no podrían tener. No me enfoqué en nada tanto como dejar que la historia se desarrollara».

Sin duda, te das cuenta de esto cuando lees Cenizas. Para terminar, le pregunté si cree que hay poca visibilidad de las escritoras dentro del género (ciencia ficción, fantasía u horror).

«No, no realmente en este momento. Sí, en el pasado y con algunas excepciones notables, los tres estaban dominados por hombres, pero ahora hay muchas mujeres en los géneros. De hecho, algunos de los mejores y más publicados escritores, especialmente en fantasía, son mujeres».

De nuevo, muchas gracias a Ilsa J. Bick y, si no habéis leído esta trilogía, os la recomiendo encarecidamente.

Fuentes:

Web de la autora

Entrevista de 2011 a Bick, en la web de Pamela Kramer

Entrevista a Bick en Random acts of Reading

Web de Nocturna Ediciones

Colaborador
Van García (Colaboradora): fotógrafa, lectora y aprendiz de escritora. Apasionada del arte y enganchada a los libros de fantasía y ciencia ficción. Novena y Equilibrio son sus primeras novelas.

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