Reseña: Centaur Rising

Hace años, una amiga mía y yo estuvimos buscando libros de un campo en concreto: los centauros en la fantasía. Buscábamos una novela que los incluyera como elemento principal y, aparte de Harry Potter, poco se salía de la norma de las novelas románticas. Hasta que apareció Centaur Rising, de Jane Yolen, una autora que desconocía por completo.

En España, Ediciones B publicó en la década de 1990 las dos primeras partes de su trilogía Great Alta: Hermana luz, hermana sombra y Blanca Jenna, además de algunos relatos. Sin embargo, en el mercado anglosajón Yolen es bien conocida. Ha sido premiada en dos ocasiones con el premio Nébula y en 2017 se le concedió el Grand Master Damon Knight Memorial, un premio muy prestigioso de la asociación de escritores de ciencia ficción de América (SFWA) y que ha sido otorgado a Ursula K. Le Guin, Anne McCaffrey, C. J. Cherryh, Connie Willis y Andre Norton, entre otros señores bien conocidos.

Yolen tras recibir el Grand Master Damon Knight en la ceremonia de los Nébula. Fotografía de S.B. Divya.

A caballo entre el middle grade, las obras consideradas para niños de entre 9 y 12 años, y el young adult, pues su protagonista tiene 13 años, Centaur Rising es quizás una de las obras más disponibles hoy en día de la autora.

Hacía mucho tiempo que no leía obras de este rango de edad y esta ha sido una grata sorpresa. Desarrollada a partir de un relato llamado “Centaur Field” (“Campo de centauros), la novela nos descubre en el prólogo a una joven solitaria de 13 años, Arianne, que en una lluvia de estrellas en 1964 ve cómo una de las luces cae cerca de su granja. Meses después, una de los ponis da a luz a un potro medio humano, medio caballo, liminal entre dos mundos muy diferentes. Ari y su familia deciden cuidar al centauro y mantenerlo en secreto para evitar el rechazo de la comunidad en la que viven, pero guardar un secreto así de grande no será nada fácil, como veremos a lo largo de la obra.

Se trata de un libro con un estilo sencillo y asequible en inglés, salvando algún término equino, dividido en una estructura circular en tres partes: el prólogo, en agosto de 1964; el nudo de la novela, 22 capítulos que transcurren a lo largo del verano de 1965; y el epílogo, que finaliza la historia en agosto de 1966.

Cubierta de Centaur Rising.

La novela se sitúa en una granja hípica de Massachusetts, Estados Unidos, a mediados de 1960, y vemos parte de la época reflejada en la historia: uno de los personajes secundarios, el veterinario Gerry Herks, es veterano de la guerra de Vietnam; el hermano, Robbie, sufre de las consecuencias de la talidomida, un fármaco muy extendido en la época para evitar náuseas en los primeros meses de embarazo, que la autora ha querido representar con la sensibilidad que se merece.

Ari es la protagonista y el punto de vista principal de la historia. A través de ella vemos los acontecimientos que ocurren a lo largo de dos años y cómo ella y su familia evolucionan a través del tiempo. Ella es la que marca las extrañezas y lo habitual de la vida en la granja y el crecimiento de Kai, y también la que quiere escuchar e intervenir en los problemas de los adultos, quienes se darán cuenta de que ya no la pueden dejar al margen como si aún fuera una niña.

Aunque Centaur Rising no sea una novela coral, también salen representados de forma muy amplia los que podríamos considerar la familia de Ari: Hannah (su madre), Robbie (su hermano), Martha (la encargada de las caballerizas) y Gerry Herks (el veterinario que se encarga de Kai), además del propio centauro, que van evolucionado a lo largo de la novela.

La imagen que nos presenta Yolen se aleja de la imagen de la familia nuclear típica de la sociedad estadounidense de mediados de siglo XX. Kai tiene tres madres: Hannah, Martha y Agora, la poni. Además, la madre de Ari los ha criado a ella y a su hermano por su cuenta, con la ayuda de Martha, desde que el padre se marchó por rechazo a la focomelia de su hijo. Como reitera la propia Ari, Robbie es un niño como cualquier otro: le encanta ver la televisión, leer e inventarse poemas como el que sigue:

“Soy tres” dijo Robbie, y cantó:

Soy tres,

Somos tres,

¡Una familia

Es lo que haréis!

En segundo plano aparece la gente de la comunidad, como Mrs. Angotti, que desencadena la acción y el tema de cómo guardar un secreto; incluso ella cambia a través del tiempo y pasa de considerar a Kai como un monstruo a tenerlo en cuenta como alguien más de su entorno.

Y es que el paralelismo entre Robbie y Kai como seres liminales, considerados por muchos como “monstruos” en una sociedad llena de prejuicios, es obvio desde que nace el centauro hasta el final de la obra. No solo se demuestra a través de la comunidad, sino que el claro exponente es el padre de la protagonista, quien podría encajar más como el antagonista de la historia. Hacia el final de la novela, Ari reflexiona sobre el rechazo que tuvo la familia en el momento del nacimiento y se da cuenta de lo equivocada que estaba.

El chico poni era demasiado nuevo y demasiado raro para que lo aceptara. No pensaba magia, pensaba error.

Aunque Ari sea la protagonista, todo gira en torno a Kai y las relaciones que mantiene con el resto de personajes. El centauro posee una magia especial, puesto que en los dos años en los que transcurre la novela pasa de ser un bebé a un adulto responsable con ciertas tareas a su cargo. La protagonista y su familia tienen que aprender a educar a un ser mágico, con sus pros y sus contras.

La magia de la novela se inserta en el día a día y se acerca más a un realismo mágico en lo amplio del término que a una fantasía más tradicional. No solo consideraría al centauro como un elemento mágico, sino que también añadiría a Martha, la encargada de las caballerizas, que tiene un arte para hablar con los caballos más allá de lo habitual.

La alta magia no versa sobre ciencia y lluvia de estrellas. Arranqué esta cita de una revista y la puse sobre mi espejo para poder leerla todos los días: “La magia versa sobre lo impredecible, lo asombrosamente original, lo imposible de contener o de conseguir. No puede suponerse o imitarse o pedirse. Sucede y luego se va”. 

Merece especial mención la postura religiosa en la que están situados tanto Ari como su entorno más cercano: son cuáqueros, una rama del cristianismo a la que no estamos acostumbrados en una sociedad basada en el catolicismo y que, a mi modo de ver, queda bien presentada si es desconocida, como era mi caso.

Somos cuáqueros, lo que significa que creemos que hacer el bien y trabajar por la paz, es importante en esta vida. Creíamos que cada uno de nosotros tenía un Dios en su interior y que debíamos escuchar esa voz calmada y pequeña, esa voz de la razón y el amor, y no a un dios barbudo en el cielo que iba a acabar con el mundo. […] Los cuáqueros no toman decisiones por mayoría. Hablan sobre el problema hasta que todo el mundo se pone de acuerdo sobre el siguiente paso. Puede llevarnos mucho tiempo. Pero, al final, todo el mundo está de acuerdo con la decisión y todo el mundo siente que sus objeciones han sido escuchadas debidamente y tratadas con justicia.

Por todos esos detalles, Centaur Rising es una novela con unos personajes entrañables y una historia con temas muy interesantes. No se me olvidará pronto, desde luego.

Gracias a Laura Morán Iglesias por proporcionarme la traducción de los fragmentos de la novela que aparecen en la reseña.

Claudia Fontana
Claudia Fontana (Reseñas/Fichas de autoras): Izoldaval. Filóloga hispánica en proceso. Era lectora de fantasía épica, pero ahora estoy virando hacia costas extrañas y múltiples. Me encantan los cómics, en papel o en digital, las series y películas de animación y Star Trek.
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2 comentarios en “Reseña: Centaur Rising

    • ¡Muchas gracias!
      Esta es una novela donde todos los personajes tienen su importancia, incluso los más secundarios, y quería reflejarlo en la reseña. Me alegro que te haya gustado y gracias por el comentario 🙂

      Me gusta

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