Reseña: La danza de las sílfides

Si nos ponemos a pensar en autoras alemanas de fantasía que lleven ya muchos años escribiendo es probable que los primeros nombres que nos vengan a la cabeza sean los de Cornelia Funke, conocida sobre todo por su tetralogía Mundo de Tinta, y Angela Sommer-Bodenburg, autora de la saga de libros El pequeño vampiro.

En Alemania (como en muchos otros sitios, pero allí con especial intensidad), la fantasía y la ciencia ficción de cosecha propia son considerados géneros menores, casi anecdóticos, cultivados especialmente por hombres y, en la mayoría de casos, enmarcados en el campo de la literatura infantil y juvenil. Y aunque parece que los tiempos empiezan a cambiar y ahora hay más autoras que se deciden a recorrer estos caminos, cuando volvemos la mirada hacia atrás y nos centramos en escritoras clásicas las posibilidades escasean. Por no hablar del problema del idioma: si ya de entrada se publican pocas novelas en el país de origen, las que llegan traducidas a España se pueden contar con los dedos de una mano.

Heike y Wolfgang Hohlbein. Fuente.

Por eso, encontrar producción alemana de fantasía de antes del año 2000 escrita por mujeres y que estuviera disponible en español ha sido toda una odisea. Aun así, y gracias a la ayuda de mi amiga @papalbina, rebuscando en el baúl de los recuerdos descubrí a una autora muy interesante que enseguida captó mi atención: Heike Hohlbein.

Nacida en 1954 en la ciudad de Neuss, Heike Hohlbein escribe novelas de fantasía y ciencia ficción para jóvenes y niños junto a su marido, Wolfgang Hohlbein. Los Hohlbein son toda una institución del género en Alemania y tienen en su haber una extensa producción de casi cuarenta títulos y más de cuarenta millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Su mayor éxito fue la novela Märchenmond, traducida en España como Luna de leyenda, que tuvo varias secuelas y vendió más de dos millones de copias; incluso fue traducida al inglés.

Heike Hohlbein siempre ha sentido una gran atracción por las hadas y los duendes. Antes de conocer a su marido, esa afición se materializaba en la pintura y la cerámica; y en la actualidad, en su casa familiar, el matrimonio posee un gran jardín decorado con innumerables figuras de estos seres mágicos.

En palabras de su marido, Heike Hohlbein es la que trae la magia a sus novelas conjuntas. De hecho, Wolfgang, que se dedicaba a la escritura desde antes de conocer a su mujer, se centraba en géneros como el horror o la novela negra, y fue tras casarse con Heike y empezar a idear historias juntos que estas fueron adquiriendo un toque cada vez más fantástico. Y es que en el proceso creativo de esas novelas a cuatro manos Heike es la que suele poner las ideas, mientras que Wolfgang las escribe. Quizás por eso se suele dar mucha más importancia a la figura del marido, llegando incluso a invisibilizar o menospreciar a Heike en algunos casos.

La fama de la pareja es tal que incluso hubo un intento de hacerles un reality show en la televisión alemana para mostrar cómo era su vida, titulado Die Hohlbeins – Eine total fantastische Familie. Después de que la cantidad de espectadores fuera cayendo debido a las críticas negativas que recibió, el proyecto fue cancelado. Como dato, comentar que una de las hijas del matrimonio, Rebecca, también es escritora de fantasía.

Es curioso que, aunque aquí su nombre es prácticamente desconocido, el matrimonio Hohlbein tiene varias obras traducidas al español, publicadas entre los años 90 y la primera década de los 2000. Incluso puede que hayáis leído alguno de sus libros durante vuestra infancia o adolescencia, porque tienen dos sagas (la misma Luna de leyenda, que es la que los lanzó a la fama internacional, y otra llamada El valle de los dragones, ambas en la editorial Pearson Alhambra) y otras tantas obras independientes esparcidas en distintas editoriales juveniles. En la colección La Torre y el Mar, editada por la editorial Everest a principios de los 90, tienen nada menos que cuatro títulos publicados (podéis encontrar más detalles de esta colección aquí y aquí).

Portada de La danza de las sílfides.

Supongo que no hace falta decir que todas estas obras están descatalogadas y solo pueden encontrarse en librerías de segunda mano. Pero merecen que se las recuerde, porque cuentan historias sólidas de corte clásico, con personajes interesantes, grandes aventuras y buenos worldbuildings. Historias de esas que se adoran cuando eres un adolescente ávido de aventuras y que beben de grandes autores, como por ejemplo Michael Ende.

Precisamente, la obra de la que os voy a hablar, La danza de las sílfides, forma parte de la colección de La Torre y el Mar de la que os hablaba más arriba y apareció en el año 90 (aunque en Alemania fue publicada en 1984) con Everest. Se trata de una novela autoconclusiva de casi 400 páginas, que nos cuenta una historia que podríamos encajar dentro del viaje del héroe.

En el mundo de corte medieval que nos describen los Hohlbein en esta novela, humanos, heldos y elfos conviven en paz, después de periodos de guerra entre las razas.  Los heldos, unos seres parecidos a los humanos pero más pequeños y con el pelo blanco (característica que los hace inconfundibles) están casi extintos. Los pocos que quedan viven en pequeñas comunidades familiares junto a sus manadas de perros sabuesos en las montañas, de forma nómada, y se dedican a la caza.

Timo, un muchacho heldo de doce años que está a punto de pasar a la edad adulta y recibir su nombre completo, es el protagonista de la historia. Una mañana en la que Timo sale a cazar se encuentra con un gormo, una descomunal criatura de la oscuridad que se creía extinta desde hacía siglos. Asustado, Timo corre en busca de sus padres para contarles lo ocurrido. La noticia cae como un jarro de agua fría sobre Erron y Veria. Convencidos de que está a punto de cumplirse la antigua profecía que augura que cuando llegue el periodo del Día-NocheAhriman, el señor del Imperio del frío, saldrá de sus dominios subterráneo para vencer a las fuerzas de la luz y hacerse con el control del mundo, deciden viajar hasta la ciudad de los hombres, Muuren Shant, para poner sobre aviso a los humanos e intentar evitar un enfrentamiento que de acabaría con todos.

Lo que no saben es que la mano de Ahriman ya ha llegado hasta la ciudad y ha corrompido el corazón de su gobernador, Hun Came, que ahora trabaja para el señor oscuro. En cuanto recibe la noticia de que los heldos han llegado a Muuren Shant, Came hace todo lo posible para acabar con ellos. Solo la intervención de una familia de comediantes hace que Timo y sus padres consigan escapar de la ciudad con vida. Pero después de lo sucedido les queda muy claro que ya no hay vuelta atrás: aunque ahora regresen a su bosque y se olviden de lo ocurrido, nada volverá a ser como antes. Y si Ahriman sigue haciéndose con el control del resto de ciudades humanas, cuando se produzca el Día-Noche su victoria estará asegurada.

Por eso los heldos toman el único camino posible: el que conduce hasta la Alta Fortaleza, la ciudad de los elfos. Porque aunque los elfos son cada día menos y cada vez más débiles, aún tienen poder y aún pueden ponerse en contacto con las sílfides, las únicas que pueden enfrentarse cara a cara con el poder oscuro de Ahriman.

Lo cierto es que la novela es muy extensa y variada, y además muestra diferentes registros, recordando a una novela infantil de aventuras en algunos puntos, o a una de fantasía épica en otros. Se trata de una novela que, vista con perspectiva, podríamos decir que peca de tópica, pues nos cuenta la historia de siempre: las fuerzas del bien y del mal están a punto de enfrentarse para decidir el futuro de todos los seres vivos y solo la intervención del joven elegido podrá decantar la balanza a favor de unos u otros.

Pero es precisamente ahí dónde reside su gracia. Los Hohlbein no quieren contarnos nada nuevo, sino hacer que mientras leemos nos lo pasemos bien, disfrutemos de una gran aventura y, además, reflexionemos sobre algunos de los temas que trata la novela. Porque de lo que sí que goza la obra es de unos cuantos mensajes.

Uno de esos ellos, la búsqueda de los límites del antibelicismo. El conflicto de la novela es el enfrentamiento entre la luz y la oscuridad. La luz, representada a través de la raza de las sílfides, es la que se asocia al amor y la bondad, mientras que la oscuridad, representada por Ahriman y su imperio de criaturas del frío, se asocia con la destrucción y la muerte.

Las sílfides (en representación de la luz) son las aliadas de los heldos y los elfos en la batalla para la salvación del mundo y, de hecho, en palabras de los mismos protagonistas, las únicas que pueden acabar con Ahriman. Pero cuando heldos y elfos piden ayuda a las sílfides, estas insisten en que para vencer a la oscuridad no se pueden usar las mismas armas de Ahriman: no pueden usarse ni el miedo ni la violencia, porque la violencia genera más violencia y también muerte.

Esto crea un conflicto en Timo, que aunque comprende la petición que le hacen las sílfides, y que nunca ha visto con buenos ojos el uso de las armas, ahora es incapaz de acatarla, porque no encuentra otro modo de derrotar a Ahriman que enfrentándose a él y venciéndolo en una batalla. Además, no enfrentarse a Ahriman supone la victoria del mal, algo que ni Timo ni el resto de personajes están dispuestos a aceptar, pues algo en su interior los empuja a luchar para recuperar la vida y la libertad, aunque esa lucha implique muerte y destrucción.

—Sí —respondió Timo, serio—. He entendido que nosotros y los hombres somos distintos a vosotros, Gaia. Quizás estéis acostumbradas a tolerar la injusticia y a sufrir y prefiráis morir a defenderos. Pero nosotros somos distintos. Luchamos si estamos amenazados, Gaia. Igual que mi padre luchó para salvarte e igual que los elfos lucharon para vengar la destrucción de su patria.

Acompañando ese mensaje principal, tenemos otros dos secundarios que, aunque quedan un poco eclipsados por este, también tienen un peso importante.

El primero es el ecologismo y el respeto por la naturaleza. Los heldos, que viven en comunión con la naturaleza, tomando de ella solo lo que necesitan para sobrevivir, ven con recelo el modo de actuar de los humanos, que se empeñan en vivir en ciudades masificadas y ruidosas, que contaminan y que producen en exceso productos que luego no utilizan, dañando con ello la naturaleza y el curso natural de las cosas. En ese sentido, los Hohlbein nos describen con mucho amor y mucho mimo los bosques a través de los ojos de Timo, alabando su belleza y resaltando la gran desgracia que supone que la mano de Ahriman llegue hasta ellos.

Poco a poco empezó a crecer el desagradable olor del agua. Timo vio flotar unas cosas feas e informes, rodeadas de basura y blanca espuma. Esta visión le produjo una dolorosa sensación. Conocía ese río y a menudo se había bañado en sus clara aguas, allá arriba, en las montañas, donde nacía. No sólo lo habían contaminado los habitantes de Muuren Shant, sino también los hombres de las ciudades, caseríos y casas pequeñas, desparramadas a lo largo de la orilla. Todos tiraban la basura al río y poco a poco lo mataban.

El segundo es un intento de hablar de la tolerancia y la aceptación de diferentes culturas y modos de ver el mundo.

—No todos los hombres son malos —le corrigió su padre—. Y aunque nos parezcan ruidosos y extraños, son seres como nosotros, sólo que viven según sus reglas y leyes que nos son extrañas y no comprendemos.

Timo mira con mucho recelo a los humanos, pero durante su viaje en busca de la Asrai, una criatura mágica y ser de luz al igual que las sílfides, descubre que no todos los hombres son iguales y que existen diferentes razas y culturas, cada una con su modo de ver el mundo.

La novela fluye con la suficiente ligereza como para no cansar, pero al mismo tiempo con el detalle y las descripciones suficientes para introducirnos en el mundo que nos cuenta. Es cierto que los personajes no tienen un desarrollo profundo y que, a excepción de Timo, apenas vemos evolución en ellos. Pero aun así la historia engancha. Como he comentado al principio, la narración pasa por diferentes etapas, algunas con más acción, otras llenas de viajes, aventuras y pruebas, y otras más tranquilas y reflexivas. Pero siempre te mantiene en vilo deseando saber qué le ocurrirá al protagonista a continuación.

¿La única pega que le he encontrado? La lectura destila un fuerte machismo, probablemente consecuencia de la época en la que fue escrita. Las únicas mujeres con cierto protagonismo en la historia son las sílfides y la Asrai. En ambos casos esos personajes ni siquiera son mujeres, sino seres de luz (cayendo en el eterno estereotipo de asociar la feminidad con la bondad). En cuanto a las mujeres heldas, elfas o humanas, tenemos que a las únicas que se mencionan son Veria, madre de Timo, que apenas tiene unas pocas frases en todo el libro y cuya actitud es totalmente sumisa con respecto a su marido; la mujer de Dergon y madre de Charriu (los malabaristas que ayudan a la familia helda a escapar de las manos de Came y que luego tienen un importante papel a lo largo de la novela), de la que ni siquiera sabemos el nombre; y Bethel, la esposa de un herrero que Timo conoce durante su viaje en busca de la Asrai. Las tres tienen un claro papel de madre/esposa y apenas aportan nada a la trama.

Portadas de tres de las ediciones de la novela en alemán.

¿Qué conclusiones saco de la lectura de esta novela?

Para empezar, tengo que mencionar que no disfruto demasiado de la fantasía clásica y que huyo especialmente de las novelas que reflejan el viaje del héroe de una forma tan literal y sin aportar nada nuevo, porque me dan la sensación constante de estar leyendo otra vez la historia de siempre. Leyendo La danza de las sílfides no he podido evitar que me vinieran a la cabeza novelas como La historia interminable, por el viaje que realiza Timo, los personajes que se cruza o los contratiempos que se encuentra, o El señor de los anillos, por la huida de la familia de Timo y su peregrinación en busca de los elfos para que los ayudaran a combatir a Ahriman. Incluso pensé en la película La princesa Mononoke, por la ambientación, con la ciudad enfrentándose al bosque y con la presencia de los lobos.

Ha habido algunas escenas que se me han hecho pesadas, como las de las batallas, y me ha faltado profundidad en los personajes, que en muchos casos me resultaban acartonados y estereotipados.

Pero, ¿quiere eso decir que la novela es mala? No, ni mucho menos. La novela está bien escrita y cuenta una buena historia. He disfrutado de algunas de sus partes, especialmente del viaje que realiza Timo para encontrar a la Asrai y del hecho de que la novela refleje muy bien la dualidad bondad/maldad que existe en los humanos (en este caso los heldos o los elfos). Terminarla no me ha supuesto un gran esfuerzo, por eso estoy segura de que los amantes del género la disfrutarán y valorarán todos aquellos aspectos que a mí no me han convencido por mis gustos personales.

Anna Roldós
Anna Roldós (Reseñas/Novedades/RRSS): Irilaya. Química de formación, librera de vocación; me leo hasta los prospectos de los medicamentos. Enamorada de Japón, del manganime, de los videojuegos, de la animación y de la ilustración. Me encanta la ci-fi. También escribo.

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