Reseña: El cuento número trece

Sí, habéis leído bien: hoy reseñamos El cuento número trece. ¿Qué tipo de trampa es esta? Pues una un poquito descarada, pero dejad que me explique.

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Poster promocional de la película de 2013

Conocí la obra de Diane Setterfield hace ya unos años, gracias al telefilm británico de James Kent, protagonizado por Olivia Colman, Vanessa Redgrave y Sophie Turner. Típica película de sobremesa de domingo que me quedé a ver por aburrimiento y que, sin embargo, me terminó encantando. Cuando me enteré de que estaba basada en una novela, la apunté en mi lista de pendientes, porque la historia me había atrapado. Y, al investigar un poco más sobre su autora, una de las primeras cosas que leí (no recuerdo dónde) es que era considerada la heredera de la gran Shirley Jackson.

Yo había leído hacía tiempo La maldición de Hill House y era muy fan del estilo de Jackson, así que el apunte aquel me emocionó mucho y Setterfield fue subiendo puestos en mi lista. Al final, cuando nació La Nave Invisible, me propuse leerla y reseñarla para la categoría de terror contemporáneo. Pero lo que me he encontrado al hincarle por fin el diente a esta novela tiene muy poco que ver con el terror. También tiene muy poco que ver con Shirley Jackson; ahora creo que esa comparación fue más un gancho comercial descarado que una valoración objetiva. La habilidad que tenía Jackson para crear inquietud en el lector, retorciendo la psicología de sus personajes, está muy por encima del nivel de Setterfield. Y, aun así… aun así, El cuento número trece ha resultado ser una novela maravillosa. Tanto, que no he sido capaz de abortar esta reseña y cederle el puesto a otra autora de terror más explícito. Creo que merece estar aquí.

Es difícil clasificar esta obra. Podría decirse que tiene guiños a la novela gótica y al Romanticismo, aunque no hay castillos embrujados ni criaturas de ultratumba. Las leves pinceladas sobre elementos paranormales son casi anecdóticas, un juego de espejos con el que Setterfield entretiene al lector sin intención real de inquietarlo. Pero sí hay angustia, depresión y un fortísimo componente emocional. Hay decadencia, soledad, mansiones en páramos que esconden secretos, paisajes desolados. Hay un misterio que resolver, un cuento jamás contado y conexiones que sobrepasan el muro entre la vida y la muerte. Y luego está la propia historia: un relato dentro de otro relato, jugando con una doble visión autobiográfica. Si tuviera que elegir alguna obra clásica de referencia, posiblemente fuese Jane Eyre, novela a la que homenajea una y otra vez, a pesar de tener una esencia propia distinta a la del texto de Charlotte Brönte.

El cuento número trece empieza cuando Margaret Lea, una librera y biógrafa aficionada, recibe una carta de Vida Winter, la escritora más famosa de Gran Bretaña, ofreciéndole un contrato para escribir sus memorias. En un primer momento, a Margaret no le entusiasma demasiado la oferta, porque la señorita Winter tiene una fama un poco peculiar: en cada entrevista que ha concedido a lo largo de su carrera, ha contado una versión diferente sobre su vida; y Margaret tiene un problema personal con la gente que no dice la verdad. Sin embargo, cuando decide documentarse un poco y comienza a leer los libros de Vida Winter, queda atrapada. Las emociones que se filtran en sus historias son tan potentes que calan en ella, intrigándola y moviéndola a aceptar el contrato. Y, cuando por fin se reúne con Vida, esta se ofrece a contarle una historia sobre fantasmas. O mejor aún: una historia sobre gemelas.

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Portada de la novela

A partir de ahí, la trama se desarrolla en dos planos diferentes. Por un lado tenemos a Vida narrándole a Margaret la historia de su familia y de su infancia. Por otro, tenemos a Margaret en el presente, escuchando, investigando la veracidad de las palabras de la escritora y sumiéndose cada vez más en el relato sobre las que antaño eran conocidas como Adeline y Emmeline, las gemelas de Angelfield. De forma paralela, las cartas van colocándose sobre la mesa y el misterio se desentraña poco a poco, manteniéndonos en tensión hasta que todas las piezas encajan y la verdad queda al descubierto.

Pero, aunque el ritmo nunca decae y la prosa te ata a las páginas con fuerza, es en la forma de armar este puzle final donde más problemas presenta la novela. No hay ningún engranaje fuera de sitio ni cabos sueltos, pero en más de una ocasión Margaret llega a determinadas conclusiones de forma demasiado conveniente. Hacia el final, sobre todo, también hay algunos sucesos que ocurren en el momento justo, como si se tratase de una conjunción astral. Esto le da al desenlace un regusto bastante trepidante (aunque esa sensación decae en los dos últimos capítulos y el epílogo, de carácter más recopilatorio), pero no deja de ser una pequeña trampa de la autora. Por suerte, no cae en incoherencias ni se saca nada extravagante de la manga, que habría sido mucho peor; y las pequeñas pistas distribuidas aquí y allá a lo largo de la novela cumplen bien su cometido.

Si tuviera que criticarle algo a El cuento número trece, sería eso. Y es lo único que consigo criticar, porque en el resto de aspectos me ha parecido fantástica. Especialmente reseñable ha sido el elenco de personajes, encabezados por Margaret y Vida Winter: todos caracterizados a la perfección, muy diferentes entre sí, con una personalidad propia que les da muchísima vida. Setterfield se adentra en sus mentes con gran habilidad, presentándonos un retrato psicológico muy representativo de cada uno de ellos, sin necesidad de enredarse en análisis eternos.

Muy de agradecer ha sido también la amplia variedad de personajes femeninos, diversas y sólidas, llevando en sus manos las riendas de la novela. En el pasado, teníamos a Isabelle con su mente perturbada y caprichosa, al ama de llaves, cariñosa y senil, a Hester y su determinación arrolladora, a Adeline y Emmeline en su versión infantil, encarnando a la violencia y la dulzura. En el presente, a Margaret y Vida se unen Karen, Judith o la propia madre de Margaret, más discretas pero igualmente interesantes. Los hombres no se quedan atrás: Charlie, John Digence, el doctor Maudsley, el padre de Margaret o Aurelius Love no podrían ser más diferentes entre sí, representando modelos muy dispares, que abarcan desde la demencia más oscura de Charlie hasta la bondad más llana y afable de Aurelius, pasando por la lealtad y la nobleza de John o el amor paternal del señor Lea. Si la novela llega a calar e implicar tanto al lector es en buena parte gracias a todos ellos.

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La obsesión de Margaret por colocarse en lugares donde pueda verse reflejada es prueba más que suficiente del estado mental en el que se encuentra

Me detengo un momento en Margaret, porque me ha resultado una protagonista bastante interesante. Conocemos sus traumas, sus miedos, la razón por la que solo lee libros de autores ya fallecidos o por la que siente debilidad por los anuarios y las biografías, la estrecha relación con su padre y la nefasta relación con su madre… pero, aun así, nunca deja de sentirse “sosa” para el lector. Como si le faltase algo o no terminara de cuajar. Y, aunque puede ser una jugada arriesgada para presentar a una protagonista, Setterfield demostró una gran agudeza ahí, porque a Margaret realmente le falta algo. Ella misma nos repite una y otra vez que se siente vacía, mutilada, aislada del resto del mundo, y ese sentimiento de alienación o desconexión se manifiesta en su forma de narrar los acontecimientos que se van sucediendo.

Frente a personajes tan potentes como la propia Vida Winter, que devora cada escena en la que aparece, Margaret queda eclipsada por su falta de chispa. Pero esa es la clave del personaje, el reflejo de su represión y la problemática existencial que acarrea en silencio, y ni siquiera ante sí misma (ante nosotros) logra librarse de ello. Merece la pena prestar atención a los pequeños detalles de su evolución, la forma en que la historia de Vida va haciendo mella en ella, hasta llegar a una catarsis que, aun sin ser espectacular, representa uno de los momentos más emotivos de la novela.

Esta soledad asfixiante que persigue a Margaret es en realidad uno de los temas centrales de El cuento número trece. Sirviéndose del recurso de la pareja de gemelos, un tema bastante mitificado en la ficción en general, se trata la soledad, el abandono, la búsqueda de la propia identidad, la presión insoportable de no saber quién eres o cuál es tu lugar en el mundo. La forma en la que podemos llegar a agarrarnos a aquello que nos “completa”, aunque sea de forma enfermiza. Si Charlie e Isabelle Angelfield encarnan la vertiente más perturbadora de estas obsesiones (en su demencia se refleja claramente la decadencia, el erotismo oscuro y la morbosidad que más entronca con la tradición gótica), en Margaret, Vida y Aurelius vemos distintas respuestas al hecho de haberlo perdido todo o no haber tenido nunca nada. La desesperación que a veces se respira en ellos es tan palpable que se puede masticar, y solo reconciliándose con el pasado, cada uno a su manera, podrán calmarla. Es manejando todo este compendio de emociones donde más brilla Setterfield, convirtiéndolo en el verdadero corazón de la obra.

También hay espacio para hablar del amor, en sus distintas manifestaciones (tóxicas o nobles), y del concepto de familia, ligado esta vez al señor Lea y su relación con Margaret o a John-the-dig y a la señora Love, que ejercieron de figuras paternas para sus respectivos protegidos. La paternidad/maternidad es algo a lo que se da vueltas de manera constante en El cuento número trece, ofreciendo perspectivas tan diversas como sus propios personajes y recordándonos con frecuencia que la consanguineidad no tiene por qué ser determinante, que unos padres biológicos no tienen por qué ser mejores que unos padres adoptivos y que, a veces, quien más amor te da no es quien te ha traído a este mundo.

Por último, está el amor a la literatura en sí misma; un rasgo que siempre está presente y además no se trata de la manera más convencional, presentándola como método de evasión y simple combustible de la imaginación humana. No, Setterfield lleva este asunto un paso más allá, haciendo hincapié en que la literatura no sirve solo para hacer soñar, sino para conocernos mejor a nosotros mismos. Ese profundo vínculo que se crea con los libros donde puedes encontrar una parte de ti mismo mientras lees, donde te ves reflejado y te sientes comprendido. Libros que te ayudan a entender mejor quién eres. De ahí nace el auténtico amor.

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“Las filas de los mutilados”: con ese nombre tan contundente se refiere Margaret a aquellos que han perdido a un gemelo, como quien pierde un miembro de su propio cuerpo

No puedo cerrar la reseña sin comentar que el estilo narrativo de Setterfield es una maravilla. Ágil, intimista, con la fluidez de una auténtica cuentacuentos, tan preciosista en las descripciones de las emociones y las situaciones que resulta tremendamente evocador. La estructura es ordenada, la tensión se reparte entre el argumento y los personajes un con equilibrio estupendo, los diálogos son dinámicos y la ambientación te absorbe por completo. Influye mucho que la novela la narre Margaret en primera persona y en retrospectiva, contándonos lo que fue para ella escuchar a Vida Winter contándole su propia historia. Como ya dije antes, un relato dentro de otro relato.

En definitiva, y aunque no fue exactamente lo que me esperaba, El cuento número trece me enamoró y me tuvo pegada a las páginas hasta el último momento, sin poder parar. Estos son los libros que más me gustan, los que hacen que me olvide de mis manías de correctora y me dedique a disfrutar sin más. Y vaya si he disfrutado; ahora estoy deseando echarle el guante a El hombre que perseguía al tiempo, la otra novela de Setterfield que, por suerte, también tenemos traducida al castellano (y que parece tener un componente sobrenatural algo más explícito).

La recomiendo. La recomiendo mucho.

puntuacion4

Pilar Caballero
Pilar Caballero (Reseñas/Corrección): Dikana en el ciberverso. Humanista, escritora y multitasking editorial, fan del storytelling en cualquiera de sus formatos. Criada en el terror, formada en la fantasía y ahora enamorada de la ciencia ficción. Me dedico a reseñar todo lo que caiga en mis garras como si no existiera el mañana.

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8 comentarios en “Reseña: El cuento número trece

    • Yo reconozco que disfruté mucho la peli, pero después de leer la novela la volví a ver y… bueh, dejémoslo en que el libro es mil veces mejor XD La película está bastante descafeinada; pero las actrices son geniales, eso sí 😀

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  1. Me has convencido. Me voy a ahora mismo a apuntar esta novela en la lista de pendientes.
    La frase definitiva ha sido:
    “Estos son los libros que más me gustan, los que hacen que me olvide de mis manías de correctora y me dedique a disfrutar sin más”.
    Últimamente leo con demasiado ojo crítico todo y necesito algo para mi disfrute puro.
    Muy buena reseña. Muchas gracias por acercárnosla.

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    • Excelente, ¡muajaja! >8D

      Es difícil no disfrutar de esta novela, porque la prosa es una maravilla. Para mí tenía el aliciente de que los temas que trata me han llegado muy hondo, y los asuntos de hermanos (más aún el tema de los gemelos) siempre me han interesado mucho. Además, me he sentido muy cómoda con su tono intimista y la forma en que está planteada y estructurada la obra. Ha sido una grata sorpresa.

      Te entiendo muy bien, porque yo también llevo varios años en que me cuesta mucho desconectar cuando estoy leyendo. Me he vuelto demasiado crítica (y demasiado exigente), así que, cuando encuentro una novela que me hace disfrutar aun sabiendo que no es perfecta, la valoro mucho más. A ver qué te parece, si te animas a darle una oportunidad 🙂

      Me alegro mucho de que la reseña te haya gustado, y gracias a ti por comentar 😀

      Le gusta a 1 persona

  2. Ha sido ver que habíais hecho reseña de este libro y correr a leer. No tenía ni idea de que había una adaptación y, la verdad, tengo curiosidad por echarle un ojo. Quizás me relea el libro y me siente a hacer comparaciones (?). Me encanta leer reseñas extensas y recordar detalles que se me habían olvidado. No recordaba que al final era tan “sencillo” unir las piezas, pero sí la sensación de soledad (y creo recordar que la traducción estaba bastante bien).
    Aaah sí, definitivamente voy a intentar releerlo pronto.
    Atte. Rika~

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    • Jaja, como te sientes a hacer comparaciones entre la película y la novela, la peli va a salir muy mal parada XD A mí me encantó cuando la vi por primera vez, pero después de haber leído la novela la verdad es que pierde bastante. En el background de Margaret es donde más se nota, porque lo plantearon de forma diferente y perdió mucho gancho. Pero también es cierto que es una adaptación bastante decente para tratarse de un telefilm, y las actrices son una maravilla ❤ A ver qué te parece, si le echas un ojo.

      Me alegro mucho de que te haya gustado la reseña y te haya traído buenos recuerdos 😀 La novela merece una relectura, vaya que sí (y sí, la traducción está estupenda).

      ¡Gracias por comentar!

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  3. Recuerdo este libro con muchísimo cariño, recuerdo que la narración me encantó pero sobre todo destacaría los personajes femeninos. Siempre que me preguntan cuales son mis personajes favoritos me acuerdo de Vida Winter. Su relato y su personalidad me atraparon en este libro y siempre guardaré un hueco en mi memoria para este personaje femenino que me encantó cómo estaba construido. La historia en si también me gustó mucho sobre todo lo que dices, que tiene ciertos aspectos paranormales pero son muy leves y eso le da juego a la novela sin volverla surrealista.

    Me gustó mucho este libro u también me ha gustado tu reseña, ha sido como reencontrarme con un amigo. Gracias por escribirla aunque el libro no encajase del todo en la categoría de terror en la que querías meterlo al inicio.

    Un beso.

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    • Tienes muchísima razón, los personajes femeninos son los que más me han enamorado. Además, hay todo tipo de mujeres, a cada cual más diferente, y eso es una gozada. Vida Winter es toda una reina, lo que sufrí y lloré con su historia, me moría de pena… Definitivamente, ha sido una lectura fantástica y solo lamento no haber podido disfrutar de la novela in albis, antes de haber visto la película y haberme destripado todo el misterio (aunque eso no impidió que hacia el final del libro no pudiera dejar de leer como una descosida, LOL).

      Muchas gracias por el cumplido, es lo más bonito que me podías decir :’) Me alegro un montón de que hayas disfrutado la reseña; no me arrepiento en absoluto de haberla traído a La Nave XD

      Besos ¡y gracias por comentar! ❤

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